Cuba prorroga sin fecha la exención arancelaria a materias primas

El régimen cubano prorrogó sin fecha límite la exención del Impuesto Aduanero para la importación de mercancías destinadas a procesos productivos y al aseguramiento de esas producciones, una medida que confirma hasta qué punto la industria nacional sigue atada a la importación para no detenerse por completo.

La disposición quedó recogida en la Resolución No. 21 del ministro de Finanzas y Precios, firmada el 3 de febrero de 2026 y publicada en la Gaceta Oficial No. 20. Según la nota oficial, el beneficio estará vigente “hasta que las condiciones económicas lo demanden” y alcanzará a actores económicos estatales y no estatales.

La extensión cubre más de 230 subpartidas arancelarias, concentradas en piensos, fertilizantes, plaguicidas, medicamentos veterinarios, semillas, implementos e insumos agropecuarios. En la práctica, el Estado admite que una parte sensible de la producción depende de traer del exterior lo que la economía interna no logra sostener.

El propio Ministerio de Finanzas y Precios reconoció que en 2025 se acogieron a ese beneficio 110 entidades. Entre los principales productos importados aparecieron azúcar, pienso animal, harina de trigo, grasas comestibles y frijoles, una lista que dice mucho sobre el deterioro de la oferta nacional y sobre la fragilidad de la producción local.

La Agencia Cubana de Noticias incluso subrayó que algunos de esos productos figuran entre los más comercializados por las formas de gestión no estatal, otra señal de cómo el régimen termina dependiendo también de ese sector para intentar tapar huecos que su aparato productivo no logra cerrar.

La nueva prórroga se suma a otra medida anunciada el mes pasado por la Aduana General de la República, que mantiene sin aranceles la importación no comercial de alimentos, medicamentos, productos de aseo e insumos médicos. Esa exención existe desde 2021 y responde al deterioro de las condiciones económicas y al desabastecimiento interno que golpea a las familias cubanas desde hace años.

El cuadro que dejan ambas decisiones es claro: el régimen sigue administrando parches fiscales para compensar la caída de la producción, la falta de divisas y la inflación, mientras la población vive entre colas, escasez y salarios que no alcanzan. La exención arancelaria alivia a unos pocos actores, pero también confirma el fracaso de un modelo que no produce lo básico y obliga al país a depender cada vez más de importaciones para sobrevivir.

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