El Departamento de Vivienda de Estados Unidos prepara una regla para cerrar una vía que durante años permitió a familias de estatus migratorio mixto mantenerse en viviendas públicas con subsidios reducidos. La propuesta, impulsada por el secretario Scott Turner, obligaría a verificar la ciudadanía o la condición migratoria elegible de cada integrante del hogar para seguir recibiendo asistencia.
La medida apunta directamente a una grieta del sistema conocida como la disposición de “do not contend”, bajo la cual un miembro de la familia podía no disputar su elegibilidad ante HUD y, aun así, el hogar conservar parte del apoyo estatal. Con el nuevo cambio, esa salida desaparecería. Quien no pueda demostrar que califica quedaría fuera del beneficio federal.
El endurecimiento no prohíbe por completo la ayuda a extranjeros. Los residentes permanentes, refugiados, asilados y otras personas admitidas bajo categorías legales seguirían teniendo acceso. También se mantiene la elegibilidad histórica de ciertos emigrados cubanos, una referencia que recuerda cómo la política migratoria de Washington ha reconocido durante décadas a quienes huyen del castrismo y buscan rehacer su vida fuera de la isla.
Turner defendió la propuesta con un mensaje dirigido a quienes, según él, se aprovechan de vacíos normativos para vivir de fondos públicos. Para el gobierno de Trump, el objetivo es dejar fuera a los inmigrantes ilegales y blindar la ayuda para los hogares que cumplan la ley. Los críticos, en cambio, advierten que el cambio puede empujar a familias completas a una elección brutal entre la vivienda y la separación del hogar.
El fondo del debate revela otra vez el peso de la migración desordenada sobre los servicios públicos en Estados Unidos y la necesidad de ordenar un sistema que había quedado abierto a abusos. También deja en evidencia el contraste con el éxodo cubano: mientras miles salen de una isla hundida por la miseria y el control político del régimen, terminan dependiendo de redes de asistencia en el exilio para sostenerse en una vida nueva. La raíz de esa diáspora sigue estando en La Habana, donde el castrismo expulsó a generaciones enteras por la vía del hambre, la falta de libertades y el fracaso económico.

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