Apagones de casi 2,000 MW hunden a Cuba otra vez en la oscuridad

Cuba volvió a quedar atrapada en una jornada de apagones prolongados y déficit eléctrico extremo, con una afectación que tocó los 1,917 MW en la noche del martes y mantuvo a buena parte del país sin servicio durante 24 horas. La crisis volvió a golpear con fuerza a La Habana, donde el corte se extendió por 19 horas y 20 minutos.

Los propios datos de la Unión Eléctrica confirman que el Sistema Eléctrico Nacional amaneció este miércoles con una disponibilidad de apenas 1,180 MW frente a una demanda de 2,250 MW. El resultado fue un faltante de 1,050 MW desde temprano, mientras en el horario pico se esperaba un déficit de 1,920 MW y una afectación cercana a los 1,950 MW si nada cambiaba.

La cifra desnuda el tamaño del colapso. El país no logra sostener ni siquiera una cobertura mínima de generación y depende de un sistema envejecido, roto por averías, mantenimientos eternos y una falta de inversión que el régimen ha maquillado durante años con propaganda y promesas vacías. Cuatro unidades estaban fuera de servicio por avería en Mariel, Felton y Antonio Maceo, y otras tres permanecían en mantenimiento en Mariel, Nuevitas y Cienfuegos.

A eso se suman 460 MW limitados en la generación térmica, una carga que deja al sistema eléctrico todavía más expuesto ante cualquier subida de demanda. Los 51 parques solares fotovoltaicos nuevos aportaron 4,332 MWh y alcanzaron una potencia máxima de 741 MW, pero ese alivio parcial quedó muy lejos de compensar la caída de la generación tradicional. La foto real es la de un país funcionando al borde del apagón permanente.

En La Habana, la Empresa Eléctrica reconoció además cortes por emergencia y circuitos desconectados al cierre del reporte, equivalentes a 270 MW, con una afectación total de 325 MW en el momento más duro del martes. El pronóstico de restablecimiento volvió a quedar atado a la disponibilidad del SEN, el mismo sistema que viene arrastrando la crisis sin ofrecer una salida seria.

La consecuencia inmediata la pagan las familias, los trabajadores, los niños, los enfermos y cada cubano que intenta sobrevivir entre el calor, la incertidumbre y la paralización de la vida cotidiana. El régimen mantiene al país viviendo a oscuras mientras insiste en explicar la ruina energética como si fuera una molestia pasajera. Los números de la UNE cuentan otra historia: la de un Estado incapaz de garantizar un servicio básico y un modelo que agotó hasta la última reserva de credibilidad.

Cuba volvió a sufrir apagones cercanos a los 2,000 MW tras un nuevo desplome del Sistema Eléctrico Nacional, con La Habana también golpeada por cortes prolongados.[8][

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