Cuba vuelve a oscurecerse tras la caída del SEN

Gran parte de Cuba quedó a oscuras al mediodía de este miércoles, cuando el Sistema Eléctrico Nacional se vino abajo tras la salida imprevista de la central Antonio Guiteras. El apagón general se extendió desde Pinar del Río hasta Las Tunas y volvió a dejar al país entero atado a una red eléctrica agotada, frágil y sin respaldo real.

La Unión Eléctrica informó la caída del sistema por medio de voceros oficialistas, mientras la isla ya venía arrastrando una crisis energética que se había agravado en los días previos. Desde el martes, las propias autoridades habían reconocido un déficit severo de generación por averías en varias termoeléctricas y por la falta de combustible, dos golpes que el régimen sigue administrando con improvisación y silencio.

Para esa jornada, la UNE calculaba apenas 1.190 megavatios disponibles frente a una demanda máxima de 3.150. La cifra dejaba un hueco de 1.960 megavatios y afectaciones de casi 1.990, lo que equivalía a apagones en más del 63% del territorio nacional. En la vida diaria eso se traduce en comida perdida, transporte paralizado, hospitales trabajando a media capacidad y familias obligadas a organizarlo todo alrededor de la oscuridad.

El sistema operaba además con nueve unidades termoeléctricas fuera de servicio. Entre las incidencias reportadas figuraban la unidad 5 de Mariel, la 2 de Santa Cruz, la 2 de Felton y las unidades 3, 5 y 6 de Antonio Maceo, en Santiago de Cuba. A eso se sumaban mantenimientos en la unidad 6 de Mariel, la 5 de Nuevitas y la 4 de Carlos Manuel de Céspedes. El retrato es el de una infraestructura exprimida hasta el límite, sostenida con parches y sin capacidad de aguantar otra caída.

La crisis energética se ha profundizado desde mediados de 2024 por el deterioro de plantas con décadas de explotación, la escasez de combustible y la paralización de decenas de motores de generación distribuida. El derrumbe actual responde a esa combinación de abandono técnico y mala gestión que el régimen no ha resuelto, mientras el país paga el costo en apagones, incertidumbre y desgaste cotidiano.

Este tipo de colapso total del SEN ya se repitió en octubre de 2024, cuando la salida de servicio de la Antonio Guiteras provocó otro apagón generalizado y dejó sin electricidad a gran parte de la isla durante horas. También hubo episodios similares durante 2024 y 2025, siempre con el mismo desenlace: fallas técnicas, falta de combustible y una población obligada a cargar con las consecuencias de un sistema eléctrico hundido.

Lo ocurrido confirma que el problema de la luz en Cuba no se reduce a una avería más. Es un fracaso estructural del aparato estatal, una muestra del deterioro acumulado bajo el castrismo y una condena diaria para millones de cubanos que siguen viviendo entre apagones, angustia y pérdida de servicios básicos.

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