Expulsan de la CUJAE a profesor por criticar la crisis universitaria

La CUJAE separó de sus aulas al profesor Abel Tablada de la Torre después de que publicara en Facebook críticas sobre la crisis del país y el deterioro de la enseñanza superior en Cuba. La sanción, divulgada por el activista Magdiel Jorge Castro a partir de una despedida que el propio docente envió a sus estudiantes, vuelve a mostrar hasta dónde llega el castigo del régimen contra quien hable con franqueza, incluso dentro de la universidad.

Tablada, arquitecto y profesor titular de la Facultad de Arquitectura, dejó claro en su mensaje que algunas de sus reflexiones “no habían sido del agrado de la dirección de la Universidad”. Esa frase basta para entender el clima de control que pesa sobre el sistema docente cubano: la crítica no se discute, se sanciona. En una institución que debería vivir del debate y la formación de criterio, la respuesta fue la expulsión.

Las publicaciones que le pasaron factura apuntaban a problemas que cualquier cubano reconoce de inmediato: apagones, transporte deficiente, salarios docentes de entre 10 y 15 dólares mensuales y carencias materiales que golpean a profesores y estudiantes por igual. Tablada habló además del deterioro en la preparación de los nuevos ingresos y de la pérdida de equidad para entrar y mantenerse en la universidad, una realidad que el régimen pretende maquillar mientras la educación pública se hunde con el resto del país.

En uno de esos textos, el académico advirtió que la resiliencia, llevada al extremo, termina convirtiéndose en costumbre frente a condiciones que no deberían normalizarse. También pidió un debate nacional sincero, con diversidad de criterios y participación real de la ciudadanía para decidir el futuro de Cuba. Su posición incluía una crítica a las sanciones estadounidenses, pero insistía en que el país necesita cambios profundos y discusión abierta, no silencio impuesto desde arriba.

La expulsión generó malestar entre estudiantes de Arquitectura, según el activista, y dejó al descubierto otra contradicción incómoda para el aparato oficial: Abel Tablada es hermano de Johana Tablada, alta funcionaria del régimen y figura visible de su diplomacia. Ni ese vínculo lo protegió del castigo político cuando decidió expresar opiniones críticas en su muro personal.

El caso confirma que la universidad cubana sigue atrapada bajo vigilancia ideológica y que la libertad de expresión se tolera solo mientras no incomode a la dirección ni al poder. Cuando un profesor pierde su puesto por escribir lo que piensa sobre la realidad del país, el mensaje que reciben estudiantes y docentes es el mismo de siempre: en Cuba, disentir también cuesta el trabajo.

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