El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, y el representante del régimen cubano en ese país, Eugenio Martínez Enríquez, cruzaron acusaciones en redes sociales por la ayuda destinada a la Isla, en medio de la crisis que golpea a Cuba y del debate sobre quién termina recibiendo realmente esos recursos.
La discusión arrancó cuando Johnson escribió en X, citando al secretario de Estado Marco Rubio, que la mejor manera de ayudar al pueblo cubano es empoderarlo y no fortalecer al régimen que lo ha oprimido durante décadas. El mensaje puso sobre la mesa una realidad que La Habana intenta esconder cada vez que se habla de solidaridad internacional: en Cuba, el poder político controla el destino de casi todo lo que entra desde afuera.
Martínez Enríquez respondió con un tono de reproche y calificó la declaración como una falta de respeto. Defendió las muestras de apoyo enviadas desde México y trató de presentar la crítica como una agresión contra el pueblo cubano. Esa reacción repite el libreto de la diplomacia castrista: convertir una discusión sobre la efectividad de la ayuda en una pelea propagandística para proteger al aparato que administra y capitaliza cada gesto externo.
El intercambio subió de nivel cuando Johana Tablada de la Torre, funcionaria del servicio exterior de la Isla en México y esposa del propio embajador, se sumó a la defensa del castrismo. En su mensaje acusó a Washington de perseguir el comercio, el combustible, los viajes, la inversión, las transferencias, las remesas y las fuentes de sustento de la población, y sostuvo que Estados Unidos busca asfixiar y dominar. La respuesta confirma cómo el régimen intenta colocar la culpa fuera de sus fronteras mientras evita cargar con la responsabilidad por la crisis que vive el país.
La polémica también alcanzó la política mexicana. La senadora Lilly Téllez respaldó de forma directa la postura del embajador estadounidense y en redes sociales aparecieron críticas a las iniciativas de apoyo a Cuba promovidas desde el oficialismo mexicano. En ese ambiente volvió a cobrar fuerza el llamado de Andrés Manuel López Obrador a organizar una colecta para el “hermano pueblo de Cuba”, una propuesta que reabrió la pregunta central: si esa ayuda alivia al cubano de a pie o termina sosteniendo al mismo aparato que lo empobrece y lo somete.
El choque deja algo claro. Washington insiste en separar al pueblo del poder; La Habana necesita borrarlo todo en un solo bloque para seguir recibiendo respaldo sin ceder control. En una Isla marcada por la escasez, el desgaste social y la falta de libertades, cada debate sobre donaciones, remesas o cooperación termina revelando el mismo problema de fondo: el régimen quiere dinero, apoyo y silencio, pero no tolera que la ayuda llegue sin pasar por su filtro político.

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