Irán entierra a Ali Lariyani tras los bombardeos israelíes

Teherán despidió este miércoles a Ali Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, en un funeral marcado por los bombardeos israelíes que provocaron su muerte, según la agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria. La ceremonia dejó en evidencia el golpe que la guerra está asestando en la cúpula del poder iraní y confirmó que la escalada ya alcanza a figuras clave del aparato de seguridad.

La muerte de un funcionario de ese nivel no se puede leer como un dato aislado. Expone un conflicto que avanza sobre los centros más sensibles del régimen iraní y obliga a su dirigencia a exhibir fortaleza en medio de una guerra que le cobra costo político y humano. Cada acto fúnebre de esa naturaleza revela un poder sitiado por la violencia que intenta controlar el relato mientras pierde estabilidad.

La jornada también dejó nuevas víctimas civiles en Israel. En Ramat Gan, un misil de racimo iraní mató a dos ancianos en Tel Aviv y elevó a 14 la cifra de fallecidos desde el inicio de la guerra el pasado 28 de febrero. Los bomberos intervinieron además en 34 incidentes durante la madrugada, ocho de ellos graves, con viviendas impactadas e incendios ya controlados. El saldo confirma que la guerra golpea barrios habitados y no solo posiciones militares.

En el Líbano, el Ejército israelí anunció que se dispone a bombardear los puentes sobre el río Litani y reiteró la orden de desplazamiento forzoso contra los libaneses del sur. La amenaza sobre esa infraestructura aprieta todavía más a una población civil que vuelve a quedar entre los combates y la expulsión de sus propias comunidades. La guerra se ensancha y arrastra a los de siempre: familias, ancianos y vecinos que pagan decisiones tomadas muy lejos de sus casas.

La tensión regional también tuvo eco en Europa. Pedro Sánchez ratificó el compromiso de ayuda militar de España a Ucrania por 1.000 millones de euros en 2026, con coproducción de drones, radares y misiles. En Berlín, el ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot, afirmó que el régimen iraní tendría que hacer concesiones radicales para abrir una salida política. El tablero internacional sigue dominado por la guerra, el rearme y la negociación bajo presión.

La Habana volvió a aparecer en ese mapa por una razón incómoda para el castrismo. La actualidad judicial en Estados Unidos y los anuncios de reformas económicas en Cuba reavivaron el interés por la ley Helms-Burton, señalada como un lastre para cualquier inversión extranjera en la isla. El régimen intenta vender aperturas, pero cada sacudida externa termina chocando con el mismo muro: control político, modelo cerrado y una economía incapaz de atraer confianza real.

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