Rubio pide relevo en Cuba y culpa al régimen

Marco Rubio llevó este martes a la Casa Blanca un mensaje directo sobre Cuba: el poder en La Habana está agotado y necesita un relevo de fondo para salir del derrumbe que ha provocado. Ante preguntas en el Despacho Oval, durante la visita del jefe de Gobierno de Irlanda, Micheál Martin, el secretario de Estado dijo que la isla requiere “gente nueva al mando”.

Rubio no disfrazó su juicio con lenguaje diplomático. Dijo que la economía cubana “no funciona” y la describió como una economía “no funcional”, sostenida durante años por subsidios externos. En su planteamiento, el régimen sobrevivió primero con el apoyo soviético y después con el venezolano, una dependencia que dejó al descubierto la incapacidad del sistema para sostenerse por sí mismo.

La frase más dura fue también la más reveladora: “Están en muchos problemas y las personas a cargo no saben cómo solucionarlo”. Con eso, Rubio apuntó al corazón del problema cubano, el mismo que la propaganda oficial intenta tapar mientras el país se hunde entre escasez, apagones y una ruina cada vez más visible en la vida diaria.

El señalamiento importa porque coincide con una realidad que la isla ya no puede esconder. Cuando desde Washington se habla de un liderazgo incapaz, el retrato encaja con un modelo que agotó sus fuentes de financiamiento, destruyó la producción y dejó a millones de cubanos atrapados en una economía que no responde ni a lo básico. La responsabilidad política recae sobre un régimen que administró la crisis durante décadas y convirtió el fracaso en costumbre.

Rubio fue todavía más claro al exigir un cambio profundo: “Tienen que poner gente nueva al mando” y “deben cambiar de forma dramática”. Ese mensaje cerró la puerta a cualquier ilusión de que simples retoques basten para resolver una crisis que nace del propio sistema y de su incapacidad para producir bienestar sin muletas externas.

Las declaraciones llegaron el mismo día en que Rubio había afirmado que las reformas en Cuba no son suficientes. También coincidieron con el respaldo de Donald Trump al proceso en curso, cuando dijo que “Cuba está hablando con Marco Rubio, haremos algo muy pronto”. Un día antes, Trump había calificado a la isla de “nación fallida” y asegurado que “nos están hablando”.

Ese intercambio ocurre mientras avanzan contactos secretos entre Washington y La Habana, un canal que Miguel Díaz-Canel terminó reconociendo en una reunión del Buró Político. El mandatario lo presentó como una “primera fase” para establecer una agenda bilateral, mientras el viceministro Carlos Fernández de Cossío trató de rebajar su alcance al llamarlo simples “intercambios de mensajes”. La diferencia entre ambas versiones deja ver un poder que negocia desde la debilidad y que ya no controla ni el relato de sus propias conversaciones.

El fondo sigue siendo el mismo desastre económico y energético que arrastra la isla. Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, Cuba lleva más de tres meses sin recibir el petróleo venezolano que representaba entre 25.000 y 30.000 barriles diarios, cerca de dos tercios de sus importaciones de crudo. A eso se suma el deterioro de la infraestructura eléctrica, responsable del sexto apagón nacional en año y medio, con entre 9 y 11 millones de personas a oscuras.

Rubio recordó además que el embargo estadounidense está codificado en la Ley Helms-Burton de 1996, un dato que limita el margen de cualquier administración para levantarlo de forma unilateral. En la misma semana, Jorge Mas Santos se reunió con Trump y Rubio en la Casa Blanca y salió con una frase que resumió el clima político de esos contactos: “Se acerca el día de la libertad de nuestra patria”.

La escena deja una conclusión incómoda para el régimen: Cuba llegó a este punto sin reservas, sin energía y sin respuestas. Rubio lo dijo desde Washington; los cubanos lo padecen cada día, entre la oscuridad, la cola y una crisis que el poder convirtió en sistema.

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