La escasez de combustible de aviación en Cuba ya está dejando una huella visible en el tráfico aéreo. Air Canada, WestJet y Air Transat suspendieron sus vuelos hacia la isla y activaron planes para repatriar a los viajeros canadienses que quedaron atrapados por una crisis energética que el régimen no logra contener.
Las tres aerolíneas tomaron la decisión este lunes, en momentos distintos, y la justificaron por la falta de disponibilidad de combustible en los aeropuertos cubanos. El ajuste de operaciones vino acompañado de medidas de retorno para los pasajeros afectados, una salida forzada ante el deterioro del sistema que sostiene la aviación comercial en el país.
WestJet fue de las primeras en mover ficha, aunque inicialmente había dicho que mantendría sus vuelos programados. Después rectificó y canceló por completo sus servicios a Cuba, incluidas las ventas y los viajes planificados. La medida alcanza también a Sunwing Vacations, WestJet Vacations y Vacances WestJet Québec. La compañía aseguró que sus vuelos llevarán suficiente combustible para despegar y regresar sin depender del suministro local, y abrió políticas flexibles de cambio sin penalización.
Air Transat siguió la misma ruta y anunció la suspensión de todos sus vuelos a Cuba hasta el 30 de abril. La empresa explicó que organiza un plan de regreso a Canadá con vuelos regulares y otros adicionales de repatriación. Las reservas con salida entre el miércoles y esa fecha serán canceladas automáticamente y los clientes recibirán reembolsos completos.
Air Canada fue la primera en reaccionar. Su comunicado citó los avisos oficiales que alertan sobre la falta de fiabilidad del combustible de aviación en los aeropuertos cubanos y advirtió que, a partir del 10 de febrero, ese suministro no estaría disponible comercialmente. La aerolínea canceló todos sus vuelos estacionales de invierno hacia Cuba y dejó en pausa sus rutas regulares hasta nuevo aviso, con una posible reanudación el 1 de mayo sujeta a revisión. También calcula en unos 3.000 los turistas canadienses que deberán regresar en aviones vacíos enviados hacia el sur. En los vuelos de vuelta, sus aeronaves llevarán combustible adicional y harán paradas técnicas si hace falta para completar el trayecto.
La emergencia fue anticipada por un NOTAM emitido el domingo por la noche, que advertía restricciones en el abastecimiento al menos hasta el 11 de marzo. Detrás de ese cuadro está el endurecimiento del bloqueo petrolero estadounidense. La administración de Donald Trump apretó las sanciones, frenó la llegada de crudo venezolano y amenazó con aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba. Trump ha dicho que la isla no recibirá más petróleo de Venezuela y que su objetivo es presionar al Gobierno cubano para que ceda en las negociaciones.
Desde mediados de diciembre, Cuba dejó de recibir crudo de Venezuela, su principal aliado energético, y quedó dependiendo casi por completo de exportaciones mexicanas. Esa ruptura ha profundizado el desabastecimiento y ha dejado al descubierto la precariedad de un sistema energético que ya venía tambaleando.
Canadá también endureció su advertencia. El 4 de febrero actualizó su alerta de viaje para Cuba y pidió a sus ciudadanos ejercer un alto grado de precaución por la escasez de electricidad, combustible, alimentos, agua y medicamentos. Asuntos Globales de Canadá advirtió que la situación es impredecible y podría deteriorarse, alterando la disponibilidad de vuelos en poco tiempo.
El golpe para el turismo cubano es fuerte. El mercado canadiense ha sido durante años el principal emisor de visitantes extranjeros hacia la isla y en 2025 más de 750.000 canadienses viajaron a Cuba. Pero el negocio turístico, una de las pocas fuentes de ingreso que aún sostienen al régimen, sigue en caída. En su mejor momento aportaba más de 3.000 millones de dólares anuales; hoy esa cifra se desplomó.
En tierra, el cuadro confirma el mismo colapso: gasolineras cerradas, menos vehículos en circulación y cubanos obligados a usar aplicaciones móviles para hacer cola virtual por combustible. La suspensión de estas rutas refleja una realidad más honda. Cuba funciona cada vez peor, y el régimen sigue sin garantizar ni siquiera lo básico para sostener su propia conexión con el exterior.

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