El sacerdote cubano Alberto Reyes volvió a poner en palabras el cansancio de un país que arrastra apagones, suciedad, hospitales vacíos de respuestas, hambre y miedo. En su reflexión sobre el cierre de 2025, describió a Cuba como una tierra marcada por signos de muerte y por una esperanza de cambio que sigue viva entre muchos cubanos.
Reyes enumeró con dureza lo que ve a diario en la isla: la muerte de la luz, de la higiene en las calles, de la salud pública, de la vida digna, de la alimentación adecuada, de la libertad, de la alegría y del deseo de vivir en este país. Su texto recoge una realidad que el régimen intenta maquillar, pero que golpea a la gente en cada esquina, en cada cola y en cada familia rota por la escasez y la emigración.
El sacerdote afirmó que esas heridas se han profundizado hasta llevar a Cuba a uno de sus momentos más oscuros. También dejó claro que nunca antes los cubanos habían estado tan hundidos, tan maniatados y tan reprimidos, y que nunca como ahora había arrancado un año nuevo con tanta expectativa de que la pesadilla termine.
Su señalamiento cayó de frente sobre el poder político, al que acusó de haber convertido el país en una finca personal durante casi siete décadas. Reyes responsabilizó a esa élite por ahogar cualquier intento de cambio, diálogo o disidencia con promesas vacías, mentiras repetidas y brutalidad represiva, mientras la nación se vuelve más improductiva e invivible para la mayoría.
En ese balance, el sacerdote habló de escasez, miseria, miedo, emigración forzada y presos políticos como marcas de un país agotado. También denunció los ataques contra las iglesias y las trabas sistemáticas a cualquier iniciativa ciudadana que aspire a mejorar la economía o la vida cotidiana.
Reyes cerró su reflexión con una idea que resume el hartazgo y la resistencia moral de muchos cubanos: la acumulación de muerte material y espiritual ha alimentado una esperanza nueva. Esa esperanza, escribió, puede venir desde fuera del sistema o del despertar de los propios cubanos, obligados a buscar juntos la luz que el régimen les niega.
Su mensaje circuló ampliamente en redes sociales y fue leído como una voz que recoge el dolor, el cansancio y la voluntad de cambio de un país que entra en 2026 todavía asfixiado por la represión y la ruina.

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