Apagón masivo deja sin luz al oriente de Cuba

La zona oriental de Cuba volvió a quedar a oscuras este miércoles después de una falla en la subestación Holguín de 220 kilovoltios que provocó la desconexión de buena parte del sistema eléctrico en esa región. El corte afectó de manera parcial a Holguín y dejó sin servicio por completo a Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo, en otra muestra del desplome de un sistema que el régimen ya no logra sostener.

La Unión Eléctrica de Cuba informó que el incidente ocurrió a las 20:54 hora local y arrastró la salida de la Unidad 1 de la Central Termoeléctrica Lidio Ramón Pérez, Felton, además de los motores de Moa y las Unidades 3 y 5 de la CTE Antonio Maceo Renté. La reconexión al Sistema Eléctrico Nacional y el arranque progresivo de las unidades afectadas quedaron como las únicas vías para intentar recuperar el servicio, en un escenario que expone la precariedad extrema de la infraestructura eléctrica cubana.

El apagón golpea sobre un país que arrastra una crisis energética agravada por la escasez de crudo y por la dependencia de suministros externos que el régimen no controla. La falta de petróleo y las tensiones internacionales que complican su llegada a la isla empeoran un cuadro ya marcado por el colapso productivo y por la incapacidad del Estado para garantizar algo tan básico como la luz en provincias enteras. El costo recae siempre sobre la población, que paga con oscuridad, incertidumbre y paralización de la vida diaria.

La respuesta internacional incluyó mensajes de preocupación y promesas de apoyo. António Guterres expresó su inquietud por las necesidades energéticas de Cuba y la urgencia de importar petróleo. China confirmó ayuda financiera y humanitaria para La Habana, mientras México anunció su intención de asistir al régimen y de abrir conversaciones con Estados Unidos sobre posibles vías de suministro bajo criterios humanitarios. Ese cuadro confirma hasta qué punto el sistema eléctrico cubano depende de auxilios ajenos y de parches diplomáticos para no hundirse del todo.

El apagón en el oriente dejó al descubierto la fragilidad de una red sometida durante años a la improvisación, la dependencia y el control estatal. Santiago de Cuba, la segunda ciudad del país, y el resto de las provincias afectadas cargan ahora con las consecuencias de un modelo agotado que convierte cada avería en una emergencia social. Mientras la UNE promete restablecer el servicio, el régimen sigue sin resolver una crisis que castiga una y otra vez a la gente de a pie.

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