Cuba volverá a pasar el sábado bajo el peso de los apagones. La Unión Eléctrica informó que, en el horario de mayor demanda, la afectación simultánea llegará al 58 % del país, una muestra más del colapso que arrastra el sistema eléctrico bajo el control absoluto del régimen.
La UNE, subordinada al Ministerio de Energía y Minas, calculó una capacidad de generación de 1.366 megavatios frente a una demanda máxima de 3.200. La diferencia entre oferta y consumo dejará un déficit de 1.834 megavatios y obligará a desconectar 1.864 para intentar contener el desorden en el servicio. En la práctica, eso significa más oscuridad, más incertidumbre y una economía obligada a respirar a golpes de apagón.
El deterioro no es nuevo. Se ha profundizado desde mediados de 2024, cuando el Estado dejó al desnudo su incapacidad para garantizar combustible, sostener las termoeléctricas y responder a una crisis que lleva décadas incubándose dentro de un modelo estatizado, ineficiente y sin control ciudadano. El propio Gobierno admite que le faltan divisas para comprar petróleo y que pesan las averías constantes en plantas envejecidas. A eso suma las sanciones de Washington y la presión sobre Venezuela para que corte el suministro de crudo, del que Cuba depende en una parte importante.
Para este sábado, seis de las 16 unidades termoeléctricas disponibles estaban fuera de servicio por averías o mantenimientos. Ese parque, que aporta en promedio alrededor del 40 % de la electricidad del país, sigue funcionando con equipos exprimidos durante años. También permanecían paralizadas 95 centrales de generación distribuida por falta de diésel y fueloil, junto con dos patanas rentadas. Otras diez estaban detenidas por falta de lubricantes. El sistema eléctrico cubano se sostiene sobre parches cada vez más frágiles.
Expertos independientes han señalado que la crisis responde a una infrafinanciación crónica de un sector que quedó totalmente en manos del Estado desde 1959. Los cálculos que circulan fuera del aparato oficial hablan de entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para sanear la red. El régimen, en cambio, sigue refugiado en su discurso de “asfixia energética” y culpa a Estados Unidos de una ruina que también nace de décadas de monopolio, abandono y mala gestión.
Los apagones diarios están hundiendo todavía más la economía cubana, que según cifras oficiales se ha contraído más de un 15 % desde 2020. También han sido el detonante de las principales protestas de los últimos años. Cada corte de electricidad en la isla confirma lo mismo: el sistema no protege al pueblo, lo castiga.

Sé el primero en comentar