Los apagones alcanzarán este domingo hasta el 62 % de Cuba en el horario pico, un nuevo golpe de una crisis energética que mantiene al país al borde del colapso y deja a millones de cubanos atrapados entre la oscuridad, la parálisis y la incertidumbre diaria.
La propia Unión Eléctrica reconoció que la afectación será simultánea en buena parte del territorio, mientras el sistema sigue hundido por la falta de capacidad real para sostener la demanda. En las últimas semanas, la situación empeoró hasta llegar al 68 % de afectación el viernes pasado y al 64 % el martes, las cifras más altas desde que la entidad comenzó a publicar estos datos en 2022.
El deterioro no se limita a cortes prolongados. El miércoles anterior, un apagón masivo dejó sin corriente a unos seis millones de personas, incluida La Habana, tras una avería en la termoeléctrica Antonio Guiteras, una de las plantas clave del país. Ese episodio volvió a mostrar la fragilidad extrema del sistema eléctrico y la incapacidad del régimen para sostener un servicio básico sin sobresaltos ni improvisaciones.
Hoy, ocho de las 16 unidades termoeléctricas operativas permanecen fuera de servicio por averías o mantenimientos. Esa dependencia de instalaciones envejecidas y mal administradas explica por qué la electricidad se ha convertido en uno de los principales símbolos del fracaso económico del castrismo: una red incapaz de responder, una economía casi detenida y una población obligada a vivir entre apagones que destruyen rutinas, negocios, alimentos y descanso.
La propia fuente reconoció además que la generación termoeléctrica aporta en promedio alrededor del 40 % de la matriz energética del país, una proporción que vuelve aún más grave cualquier falla en ese frente. En Cuba, cada rotura pesa como una condena colectiva porque el régimen ha sido incapaz de sostener una infraestructura mínima para un país que ya carga con escasez, inflación, salarios hundidos y un éxodo constante.

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