Cuba volverá a quedar este miércoles a merced de un sistema eléctrico al borde del colapso. La Unión Eléctrica, empresa estatal subordinada al Ministerio de Energía y Minas, previó apagones generalizados en todo el país y reconoció que, en la hora de mayor demanda, la afectación simultánea podría alcanzar más del 47 % de la isla.
La cifra resume una realidad que el régimen intenta maquillar con explicaciones técnicas, pero que ya forma parte de la vida diaria de millones de cubanos: cortes de más de 20 horas, incertidumbre permanente y un servicio que sobrevive a fuerza de parches. Septiembre ha marcado uno de los peores momentos de esta crisis, con déficits cercanos o superiores al 50 % y un nuevo apagón nacional ocurrido el 10 de septiembre, el quinto en menos de un año.
La propia UNE calculó para la jornada una capacidad máxima de generación de 2.010 megavatios frente a una demanda de 3.650. Eso deja un déficit de 1.640 megavatios y una afectación estimada de 1.710. En Cuba, además, el pronóstico oficial suele quedarse corto frente a la realidad, porque el sistema falla más de lo que admite la propaganda estatal.
Las causas están a la vista. Tres de las 16 unidades termoeléctricas disponibles permanecen fuera de servicio por averías o mantenimientos, y otras 53 centrales de generación distribuida están detenidas por falta de combustible. Una quincena adicional no opera por carencia de lubricante. El país arrastra un parque obsoleto, sin inversión suficiente ni mantenimiento serio, mientras la falta de divisas impide importar lo indispensable para sostener la generación.
El régimen carga parte de la responsabilidad sobre las sanciones de Estados Unidos y habla de “asfixia energética”, pero el colapso responde también a décadas de infrafinanciación y a un modelo estatal que concentró todo el control y dejó el sector sin margen real para sostenerse. Expertos independientes han calculado que harían falta entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reflotar el sistema eléctrico, una suma que La Habana no tiene.
El derrumbe energético golpea directamente la economía nacional, que cayó 1,1 % en 2024 y acumula una contracción de 11 % en los últimos cinco años, según datos oficiales. La CEPAL también anticipa un PIB negativo para este año. Pero el daño más visible sigue siendo social: los apagones alimentan el malestar, empujan el cansancio y han estado detrás de las principales protestas registradas en la isla, desde las masivas de julio de 2021 hasta las más recientes en La Habana y Gibara.

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