La UNE admite un alivio mínimo, pero los apagones siguen sobre 1,500 MW

La Unión Eléctrica volvió a poner en cifras una realidad que el país conoce de sobra: el sistema eléctrico sigue al borde del colapso. Para el horario pico nocturno, el parte oficial prevé una disponibilidad de 1,440 MW frente a una demanda de 2,950 MW. El resultado es el mismo de siempre, aunque con un leve respiro respecto a jornadas anteriores: un déficit de 1,510 MW y una afectación estimada de 1,540 MW.

La reducción frente al martes, cuando la brecha superó los 1,850 MW, apenas maquilla la crisis. El régimen sigue sin capacidad para sostener la demanda nacional y cada supuesto alivio llega cargado de incertidumbre. La mejora es mínima, la precariedad es estructural y la población sigue pagando con horas de oscuridad una red eléctrica agotada por años de abandono, parches y promesas incumplidas.

En medio de ese panorama, la central termoeléctrica Antonio Guiteras volvió a sincronizar con el Sistema Electroenergético Nacional en la madrugada de este miércoles, después de varios días fuera por mantenimiento. A las 3:00 am ya estaba incorporada y una hora más tarde generaba apenas 100 megawatts, una cifra muy por debajo de su capacidad habitual. Su salida del sistema había agravado todavía más la presión sobre una matriz de generación que depende de cada unidad que logre sobrevivir.

La reincorporación de la planta matancera pudo ayudar a recortar una parte del déficit previsto, pero no resuelve el fondo del problema. La Guiteras sigue siendo un bloque clave para sostener el sistema, y que vuelva a arrancar con una producción tan baja confirma la fragilidad de una infraestructura que opera al límite. En Cuba, cada termoeléctrica que entra y sale del sistema arrastra al resto del país a otra ronda de cortes, afectaciones y reorganización forzada de la vida diaria.

La Habana también reportó un martes marcado por interrupciones. La Empresa Eléctrica capitalina informó que el servicio estuvo afectado por más de siete horas, desde las 2:29 p.m. hasta las 9:34 p.m., por déficit de capacidad. En su aviso, además, dejó abierta la puerta a nuevos cortes sin horario previsto si no mejoraban las condiciones de disponibilidad del SEN. La supuesta normalidad quedó, otra vez, reducida a una advertencia burocrática que cambia a cada momento.

Las reacciones de la población en las redes de la UNE reflejan algo más profundo que molestia. La gente ya no compra los partes oficiales ni cree en el discurso del control. Los comentarios se llenaron de ironía, cansancio y rabia por los apagones fuera de horario, por los circuitos que siempre caen sobre los mismos y por la imposibilidad de cocinar, trabajar o dormir con dignidad. El hartazgo popular dejó en evidencia la pérdida de confianza en un régimen que lleva años administrando la crisis sin resolverla.

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