Matanzas y Villa Clara viven un brote de arbovirosis que deja a la población con fiebre alta, dolor en las articulaciones y una incertidumbre médica que el régimen no logra esconder. Mientras las autoridades admiten la circulación de chikungunya, los vecinos siguen atrapados entre el malestar, la escasez de medicamentos y la falta de respuestas en los consultorios.
En Cárdenas, Matanzas, Ada Caraballo describió un cuadro de articulaciones inflamadas y fiebre intensa, un mal que muchos asocian de inmediato con el mosquito porque ya forma parte del lenguaje de supervivencia en los barrios. Su testimonio resume la impotencia de miles de familias que enfrentan la enfermedad sin diagnóstico claro ni alivio real.
Otra residente de Cantel, a 14 kilómetros de Cárdenas, contó que también enfermó recientemente y que el virus le provocó dolor fuerte en los huesos y fiebre alta. Su relato confirma que el brote se ha extendido por varias comunidades de la provincia, en medio de una precariedad sanitaria que agrava cada síntoma.
En Villa Clara, el panorama es igual de duro. Héctor, vecino de Manacas, aseguró que varias personas se han desmayado en plena calle, incluso en la cola del pan. La escena retrata una realidad cada vez más áspera: enfermos circulando por un sistema incapaz de contener la propagación del virus o de proteger a los más vulnerables.
Ese mismo testimonio expone otra falla del aparato de salud: en el policlínico, dijo, ni ellos mismos saben qué es lo que circula y a veces no hay reactivos para hacer pruebas. Ante esa carencia, los médicos apenas recomiendan paracetamol o duralgina, dos medicamentos difíciles de conseguir en medio de la crisis que golpea al país.
Francisco Durán García, director nacional de epidemiología del Ministerio de Salud Pública, reconoció esta semana en la televisión estatal que en Matanzas hay una proliferación de arbovirosis, en particular chikungunya, transmitida por los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus. La admisión oficial confirma la gravedad del problema y deja al descubierto la fragilidad de una red sanitaria hundida en la falta de recursos.
Desde Holguín, el médico opositor Eduardo Cardet cuestionó la ausencia de exámenes clínicos en medio del brote. Recordó que el laboratorio es indispensable para seguir el estado interno del paciente y tomar decisiones a tiempo. Su advertencia apunta al fondo del fracaso: sin pruebas, sin medicinas y sin capacidad de respuesta, el enfermo queda abandonado a su suerte.

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