Argentina recomendó este viernes a sus ciudadanos evitar o posponer viajes turísticos a Cuba ante el deterioro de las condiciones de vida en la isla. La advertencia también alcanzó a los argentinos que residen allí, a quienes pidió mantenerse atentos a la evolución de la situación. El mensaje oficial desnuda una realidad que el régimen ya no consigue esconder: Cuba se ha vuelto un destino marcado por la precariedad y el desorden cotidiano.
La Cancillería argentina explicó que en la isla hay faltantes de combustible, incluso en zonas turísticas, cortes prolongados de electricidad, problemas en el suministro de agua corriente y escasez de alimentos y medicamentos. Esa lista resume el derrumbe de servicios básicos bajo un sistema que ha llevado al país a una crisis prolongada y visible para cualquiera que lo mire sin propaganda.
La advertencia llega en un momento de mayor tensión entre La Habana y Washington, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmara una orden ejecutiva que amenaza con imponer aranceles a los países que vendan petróleo a Cuba. Trump defendió la medida como una acción para proteger la seguridad nacional y la política exterior de su país, y acusó al régimen cubano de respaldar a actores hostiles y de cometer violaciones de derechos humanos.
El propio texto de la orden deja abierta la posibilidad de levantar la medida si Cuba o los países involucrados toman acciones significativas para alinearse con los objetivos de Washington. Mientras tanto, la isla sigue atrapada en una crisis energética que ya dura al menos tres años, con escasez de combustible, una capacidad de generación eléctrica limitada y apagones prolongados que golpean la vida diaria y agravan la falta de servicios esenciales.
Cuando una cancillería advierte a sus ciudadanos que eviten viajar a Cuba, el golpe no recae solo sobre el turismo. También deja al desnudo la ruina de una economía y de un aparato estatal incapaces de garantizar luz, agua, comida y medicinas con una mínima estabilidad. La propaganda oficial puede insistir en normalidad; la realidad cubana la desmiente a diario.

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