Aymara Nieto salió de una prisión en La Habana y terminó en República Dominicana bajo la sombra del régimen, que la empujó al exilio después de años de encierro, castigo y vigilancia. La integrante de las Damas de Blanco aseguró que seguirá su lucha desde fuera de Cuba por los presos políticos, a los que llamó sus hermanos.
Nieto habló por teléfono con EFE poco después de abandonar la isla y dejó claro que su libertad llegó con condiciones impuestas por el aparato represivo. Dijo que la llevaron agentes hasta el aeropuerto y que nunca la dejaron regresar a su casa. Su salida, confirmó Cuba Decide en redes sociales, vino tras siete años de injusto encierro y torturas, según esa organización.
La disidente cumplía su segunda condena consecutiva desde 2018. Formó parte del grupo de mujeres vinculadas a las Damas de Blanco, nacido al calor de la represión contra los 75 disidentes y periodistas independientes condenados en la Primavera Negra de 2003. Desde entonces, esas mujeres se han mantenido en las calles, vestidas de blanco, con la misa y la protesta como respuesta cívica frente a una dictadura que castiga la disidencia.
Nieto relató que en su caso no recibió documento alguno que certificara la extinción de la condena y que la Seguridad del Estado tampoco le aclaró si podrá volver a Cuba. El mensaje es el mismo de siempre: el régimen expulsa, desarticula y deja abierta la amenaza para impedir cualquier regreso. Ella misma advirtió que volver sería un riesgo, porque todavía le quedaba algo más de un año de sanción y teme una nueva cárcel.
Su testimonio describe con crudeza el sistema de abuso dentro de las prisiones cubanas. Contó que pasó por celdas de castigo, aislamiento y un trato terrible en dos centros anteriores, hasta que en la última cárcel de La Habana intentó ajustarse al reglamento para evitar nuevos abusos. También recordó que su primer arresto llegó en 2016, cuando la policía la interceptó mientras repartía propaganda en un autobús.
Después fue detenida otra vez al salir de su casa con carteles rumbo a la iglesia, la forma de protesta de las Damas de Blanco. A eso se sumó una nueva condena, tras ser acusada de promover un motín en la prisión donde estaba recluida. El patrón es claro: el régimen encadena sanciones, inventa causas y utiliza el sistema penitenciario para quebrar a las voces incómodas.
La salida de Nieto también deja al descubierto el costo humano del destierro. Johanna Cilano, investigadora de Amnistía Internacional, afirmó que su libertad llegó acompañada del exilio forzoso y la separación familiar. Cubalex fue más directa al denunciar que el destierro impuesto vulnera derechos fundamentales y que el régimen lo aplica de forma sistemática para neutralizar liderazgos y silenciar a quienes desafían su control político.
El caso aparece además en un contexto de presión creciente sobre las cárceles cubanas. Según Prisoners Defenders, a fines de julio había 1176 prisioneros por motivos políticos en la isla, la cifra más alta registrada por esa organización. En el mismo mes, el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas reportó 91 denuncias de reclusos y dos muertes en cárceles, incluida la de una persona tras una prolongada huelga de hambre.
Nieto sale de prisión, pero el expediente represivo sigue abierto. El régimen la empuja al exilio mientras intenta borrar su voz dentro de Cuba. Ella, en cambio, promete seguir la pelea desde fuera por quienes todavía permanecen tras las rejas.

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