La basura ahoga La Habana por falta de combustible

La Habana volvió a exhibir una de las caras más degradantes del derrumbe cubano: la basura acumulada por la falta de combustible para los camiones recolectores. La retirada del petróleo desde Venezuela golpeó de lleno un servicio ya maltrecho y dejó a la capital hundida en una imagen de abandono que el régimen no logra esconder.

Vecinos consultados por EFE describen un deterioro que se siente en cada cuadra. «Todos los días está peor», dijo uno de ellos, una frase breve que resume el cansancio de vivir entre desechos, malos olores y una recogida cada vez más irregular. La crisis dejó de ser un tropiezo puntual y pasó a formar parte de la rutina de una ciudad que carga con las consecuencias directas de la incompetencia oficial.

Sin combustible, los camiones no salen. Sin recogida estable, los residuos se amontonan. Sin respuesta real, La Habana queda convertida en un vertedero a cielo abierto, con barrios enteros pagando el precio de una administración incapaz de sostener ni lo elemental. El problema revela la fragilidad de un sistema que depende de suministros externos y de la improvisación interna para mantener funcionando los servicios más básicos.

La crisis de la basura en la capital también deja al descubierto el agotamiento de un modelo que falla en todo lo que toca. El régimen sigue aferrado al discurso, mientras en la calle la realidad se impone con hedor, suciedad y frustración. La Habana se descompone a la vista de todos, y la falta de combustible solo acelera una ruina que ya venía en marcha.

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