Bebé de Camagüey sigue sin cirugía por falta de recursos

Darwin Daniel Sotolongo Cedres tiene apenas nueve meses y lleva tres meses ingresado en terapia intensiva en el hospital pediátrico Eduardo Agramonte Pina, en Camagüey. El bebé permanece entubado por octava vez y sigue sin acceso a la operación urgente que necesita para sobrevivir.

Su caso vuelve a mostrar la crudeza del colapso sanitario que el régimen intenta maquillar con propaganda. Mientras los discursos oficiales repiten consignas sobre una supuesta fortaleza de la salud pública, en los hospitales de la isla hay niños que no pueden ser operados porque faltan recursos, faltan especialistas y falta capacidad real para responder.

Darwin padece estenosis traqueal en grado 4, una condición gravísima que le impide respirar con normalidad. Según explicó en Facebook Yusneidi Casas, prima de la madre del niño, la cirugía que necesita no puede realizarse en Cuba por la falta de médicos y recursos. En sus palabras, el pequeño libra una batalla diaria por la vida mientras su familia enfrenta sola una situación que ningún padre debería cargar.

Casas precisó además que el bebé es de Florida, Camagüey, y que permanece hospitalizado desde hace tres meses. La familia ha recibido la misma respuesta que repiten tantos cubanos cuando el sistema se rompe: aquí no se puede hacer nada. Esa frase resume el derrumbe de una red hospitalaria que dejó de garantizar lo elemental.

El drama de Darwin también revela hasta qué punto las familias cubanas terminan dependiendo de las redes sociales para pedir ayuda, exponer su caso y buscar alguna salida. En los comentarios de la publicación, otra madre contó una historia parecida: su hija también espera una segunda operación y no ha podido ser intervenida por las mismas carencias.

Mientras tanto, otros usuarios compartieron datos de contacto de los familiares para quien pudiera ayudar. Ese recurso improvisado, nacido de la desesperación, dice más que cualquier consigna oficial. En Cuba, cuando la salud pública falla, son los parientes los que corren detrás de soluciones que el Estado debería garantizar desde el primer momento.

El caso de este bebé de Camagüey retrata una verdad incómoda para el régimen: la crisis hospitalaria ya no golpea solo a los adultos ni a los enfermos crónicos. También pone contra la pared a recién nacidos y familias enteras, condenadas a esperar mientras la vida se les escapa entre tubos, máquinas y promesas vacías.

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