Bruno Rodríguez admitió en Ginebra que las medidas de Washington llevarán «privaciones y sufrimientos» a Cuba, mientras el régimen intenta abrir un diálogo con Estados Unidos bajo sus propias condiciones. La frase dejó expuesto, otra vez, el costo que pagan los cubanos cada vez que La Habana entra en una pulseada externa con la economía ya al límite y el país cargando una crisis energética que golpea la vida diaria.
Desde el Consejo de Derechos Humanos, el canciller dijo que Cuba defenderá «con vigor y coraje» su derecho a la libre determinación y prometió impedir una crisis humanitaria frente a lo que llamó «cerco energético». Según su planteamiento, la presión de Washington sobre los países que exportan petróleo a la isla forma parte de una ofensiva que busca asfixiar al país con el argumento de la seguridad nacional.
Pero la admisión más reveladora fue la que salió casi como un reconocimiento obligado: el propio ministro asumió que la situación traerá penurias dentro de Cuba. En un país marcado por apagones, escasez y precariedad, ese mensaje confirma que el régimen vuelve a pedir resistencia a una población que ya vive al filo de la supervivencia y sin margen para absorber otro golpe.
Al mismo tiempo, Rodríguez dejó abierta la puerta a un diálogo con Estados Unidos, aunque condicionado al «respeto mutuo», el «beneficio recíproco» y la ausencia de «injerencia en los asuntos internos». También habló de una relación «civilizada» dentro de las diferencias y de promover la cooperación. La oferta revela la vieja lógica de la cúpula cubana: buscar oxígeno afuera sin ceder un ápice del control político adentro.
El canciller añadió que habrá «soluciones creativas» para mitigar el daño humanitario. La fórmula suena a parche en un país acostumbrado a sobrevivir entre improvisaciones, discursos y apagones. Cada nueva presión internacional termina cayendo sobre la misma gente, mientras el régimen insiste en presentarse como defensor de la nación y deja intacto el sistema que hunde a los cubanos en la carencia cotidiana.
En su intervención, Rodríguez también saludó la «resistencia comunitaria del pueblo de Minnesota», en referencia a protestas en Estados Unidos contra la política migratoria y las acciones de ICE. El guiño encaja con la costumbre oficial de buscar resonancia política fuera de la isla, mientras dentro siguen sin resolverse la energía, el abastecimiento y la estabilidad mínima que exige la vida de millones de cubanos.

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