China y Rusia sostienen a Cuba con arroz, dinero y gestos

La Habana recibe en estos días la solidaridad de China y Rusia mientras el régimen de la isla queda atrapado entre la pérdida del petróleo venezolano y la presión de Washington. Los gestos llegan en forma de donaciones de alimentos, líneas de financiamiento y visitas de alto nivel, pero ninguna de esas señales alcanza para tapar la fragilidad de fondo: Cuba sigue sin capacidad real para sostener su economía ni su sistema energético.

La caída de Maduro en Venezuela golpeó de lleno a La Habana. Con ella se fue el principal aliado regional de la dictadura y, sobre todo, el primer suministrador de crudo para la generación eléctrica y el transporte. Las estimaciones apuntan a que ese petróleo cubrió en 2025 alrededor del 30 % de las necesidades energéticas del país. La isla quedó más expuesta que nunca, justo cuando Trump endureció su discurso y amenazó con llevar a Cuba al borde del colapso.

China movió ficha con el envío de 90.000 toneladas de arroz, una donación que ya comenzó a llegar a la isla y que equivale a unos 9 kilos por habitante. Es la mayor entrega de arroz anunciada para Cuba, un país hundido en la escasez de bienes básicos y la inflación elevada. A eso se suma una línea de asistencia financiera emergente por 80 millones de dólares aprobada por Xi Jinping, después de que en 2024 Pekín ya concediera otros 100 millones. El mensaje político fue claro: China respalda al régimen, pero también le recuerda al mundo su apuesta por mantener a flote a un socio quebrado.

Rusia ha optado por el simbolismo y las declaraciones. El ministro del Interior, Vladímir Kolokóltsev, viajó a La Habana y se reunió con Miguel Díaz-Canel y con Raúl Castro, en una visita que el aparato oficial cubano presentó como relevante, aunque sin ofrecer detalles concretos. El dato importa porque revela el tipo de apoyo que Moscú está dispuesto a mostrar por ahora: presencia, foto y discurso, más que un salvavidas capaz de resolver la crisis cubana.

Irán, absorbido por sus propios conflictos y bajo amenaza de Washington, apenas ha salido a respaldar públicamente a La Habana. Aun así, el gobierno cubano se ha alineado con Teherán y ha repetido su retórica contra la presión estadounidense. Bruno Rodríguez llegó a decir que la presión contra Irán es la misma que asfixia a Cuba, una frase que encaja con la vieja costumbre del régimen de colocarse del lado de otras autocracias mientras evade su responsabilidad interna.

En paralelo, México se ha convertido en otro sostén para la isla. Los envíos de Pemex han ayudado a aliviar la crisis energética, aunque lejos del volumen que alguna vez tuvo Venezuela. En 2025, Caracas mandó unos 27.000 barriles diarios, mientras México aportó entre 6.000 y 12.000, según estimaciones que EFE no pudo verificar de forma independiente. El segundo fin de semana de enero llegó además a la bahía de La Habana el buque petrolero Ocean Mariner con unos 86.000 barriles procedentes de México. Washington, por boca de su secretario de Energía, dejó claro que permitirá esos suministros pese a la línea dura que Trump ha querido imponer contra la isla.

La combinación deja al desnudo una verdad incómoda para el régimen: Cuba depende de auxilios externos, parches alimentarios y combustible prestado para sobrevivir. No hay producción nacional suficiente, ni energía estable, ni reservas capaces de sostener al país. Lo que llega de China, Rusia, Irán o México alivia la presión inmediata, pero también confirma el fracaso de un modelo que ha convertido a la isla en una economía de dependencia permanente.

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