La decisión de Costa Rica de cerrar su embajada en La Habana y dejar el vínculo con Cuba únicamente en el plano consular dejó este miércoles al régimen otra señal de aislamiento diplomático en la región. San José pidió además retirar al personal diplomático cubano, salvo los funcionarios consulares, y fijó para el 1 de abril el cambio de rango en la relación bilateral.
La Cancillería cubana reaccionó con un comunicado cargado de reproches contra Estados Unidos y contra el gobierno de Rodrigo Chaves, al que acusó de actuar bajo presión de Washington y de alinearse con la ofensiva para apartar a Cuba de las naciones latinoamericanas. Desde La Habana, el régimen volvió a recurrir a la vieja explicación externa para esquivar el fondo del problema: cada vez más gobiernos reducen el trato político con una dictadura que carga sobre sí el maltrato, la represión y el deterioro de las condiciones de vida dentro de la isla.
Chaves fue más lejos y, en una conferencia de prensa desde Peñas Blancas, desconoció la legitimidad del Ejecutivo cubano. Dijo que no reconoce a ese gobierno “en vista del maltrato, la represión, las condiciones indignas” en que mantienen a los habitantes de Cuba, y remató con la orden de que se lleven a sus diplomáticos. La frase resume una ruptura que ya no se queda en la diplomacia fría: expresa el rechazo abierto de un mandatario regional a un régimen al que atribuye, sin rodeos, el trato que reciben los cubanos.
La medida costarricense deja a La Habana en una posición incómoda, porque no se trata solo de un roce protocolar. Limitar la relación al ámbito consular significa recortar la apariencia de normalidad que el castrismo intenta proyectar afuera mientras dentro mantiene la presión política, el control social y unas condiciones indignas que siguen empujando a más cubanos al desencanto y al exilio.
En el acto también estuvo Laura Fernández, presidenta electa que asumirá el 8 de mayo y respaldó el anuncio. Costa Rica, además, ya se ha sumado a iniciativas impulsadas por Donald Trump para combatir el crimen organizado transnacional y la migración irregular, un marco que ayuda a entender el tono más duro con que varios gobiernos están mirando hoy a La Habana. El régimen, una vez más, respondió con la tesis del cerco externo, pero el golpe diplomático llega en un momento en que Cuba paga en el exterior el costo de su propio fracaso interno.

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