La inseguridad en Cuba dejó de ser una alarma aislada para convertirse en una señal de deterioro nacional. El Informe de Inseguridad Pública 2025, difundido por el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana, registró 2.833 reportes de delitos entre enero y diciembre y confirmó que la violencia y el delito avanzan sobre un país hundido en la precariedad y sin estadísticas oficiales transparentes.
El estudio, asociado al laboratorio de ideas Cuba Siglo 21, mostró un salto de 115,11 % respecto a 2024 y de 336,58 % frente a 2023, a partir de hechos verificados en redes sociales y en medios estatales e independientes. Esa metodología, limitada por la opacidad del régimen, apenas alcanza a capturar una parte del problema real, pero deja claro el tamaño del desorden que se ha instalado en la isla.
José Manuel González Rubines, investigador principal del OCAC, reconoció que las cifras reflejan solo una porción de lo ocurrido. También admitió que la criminalidad creció de forma constante y que el país ya cuenta con varios años de monitoreo que permiten comparar tendencias. El resultado es demoledor: el régimen ha dejado que el delito se normalice mientras esconde la información y disimula la gravedad del colapso social.
La tendencia se agravó en el segundo semestre, cuando se reportaron 1.514 delitos, más de ocho hechos diarios. Matanzas encabezó la lista con 503 casos, seguida por Granma con 424, La Habana con 398 y Santiago de Cuba con 323. Ese mapa confirma que la violencia se ha extendido más allá de la capital y golpea con fuerza territorios del centro y el oriente del país.
Los robos dominaron la escena con 1.536 casos, un aumento de 74,55 % respecto a 2024. Dentro de esa categoría sobresalen 407 hechos vinculados al hurto y sacrificio de ganado, una señal brutal de la crisis alimentaria que empuja a muchos cubanos a sobrevivir en la ilegalidad. También se contabilizaron 577 robos contra propiedades privadas y 327 contra bienes estatales, prueba de que la pobreza, el descontrol y la impunidad han vaciado de autoridad al aparato policial.
La violencia abierta también creció. El informe registró 184 asaltos y 94 agresiones, además de un repunte acelerado de la categoría “Otros”, que incluye vandalismo y portación ilegal de armas. En paralelo, se reportaron 152 homicidios y 173 muertes violentas, entre ellas 48 feminicidios documentados por el Observatorio de Género Alas Tensas y la plataforma Yo Sí Te Creo en Cuba.
González Rubines explicó que la precarización de la vida en Cuba alimenta los robos y agrava la ruptura de normas básicas de convivencia. Señaló además que el entorno militarizado del país también empuja a la violencia como respuesta cotidiana. Esa lectura apunta al fondo del problema: una sociedad sometida a escasez, control político, miedo y abandono institucional termina degradándose bajo un régimen que solo sabe reprimir y ocultar.
Mientras el castrismo insiste en maquillar la realidad, el aumento de la criminalidad revela una verdad incómoda. La isla vive más insegura, más pobre y más expuesta al delito. El régimen ha perdido el control de la calle y también la capacidad de admitirlo.

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