Cuba abre inversiones al exilio en plena crisis

El régimen cubano abrió la puerta a que los cubanos que viven fuera de la isla y sus descendientes puedan invertir en el país, mientras la economía sigue hundida, faltan combustible y electricidad, y el descontento social sube de tono. El anuncio lo hizo en La Habana el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva Fraga, en una entrevista con NBC publicada este lunes.

Fraga dijo que Cuba quiere mantener una relación comercial fluida con empresas estadounidenses y también con cubanos residentes en Estados Unidos y sus descendientes. La señal llega desde un aparato estatal que lleva años prometiendo reformas sin resolver lo esencial: un país sin financiamiento suficiente, con la infraestructura deteriorada y con una crisis que empuja a miles a irse y, al mismo tiempo, a sostener desde afuera lo que el régimen no consigue levantar dentro.

La admisión vino después de que el propio gobierno reconociera el viernes que mantiene conversaciones con Washington. En paralelo, el ministro habló de reformas para crear un entorno empresarial dinámico y reactivar sectores como el turismo, la minería y la reparación de la red eléctrica. También mencionó inversiones grandes en infraestructura. El mensaje busca vender apertura, pero lo que deja ver es una administración apurada, obligada a mirar hacia fuera porque el modelo interno no produce salida ni estabilidad.

Fraga también insistió en culpar al bloqueo estadounidense por la falta de financiamiento, tecnología, mercados y combustible. Las autoridades cubanas aseguran que no han llegado cargamentos de petróleo en los últimos tres meses. Esa escasez ya se traduce en apagones de jornada completa, negocios paralizados y una vida diaria cada vez más dura para la gente. La crisis energética golpea de frente a las familias, hunde la actividad económica y expone la fragilidad de un país administrado sin reservas ni margen de respuesta.

La presión social quedó a la vista el sábado por la noche, cuando decenas de personas atacaron una sede del Partido Comunista en el centro de Cuba con pedradas, destrozos y fuego, según confirmó un periódico oficial. Miguel Díaz-Canel admitió el malestar, pero lo llamó vandalismo. El episodio muestra hasta qué punto el agotamiento social se desborda y cómo el régimen responde con etiquetas y denuncia, no con soluciones reales para un país golpeado por la escasez y la oscuridad.

Díaz-Canel también confirmó por primera vez que el régimen conversa con la administración de Donald Trump y dijo que el objetivo es identificar los problemas bilaterales que necesitan solución. La maniobra confirma la urgencia de La Habana: primero negó o esquivó las negociaciones, y ahora admite el diálogo mientras trata de atraer capital del exilio y de empresas estadounidenses. Detrás de esa apertura tardía está la misma realidad de siempre: un sistema que agotó la economía nacional, empujó a millones al exilio y ahora intenta convertir a esos cubanos en salvavidas financiero.

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