Cuba amanece otra vez bajo un déficit eléctrico de 1.880 MW

La Unión Eléctrica volvió a admitir este martes una realidad que ya marca la vida diaria de la isla: el Sistema Eléctrico Nacional no tiene capacidad para sostener la demanda y, en el pico nocturno, los apagones podrían llegar a 1.880 megavatios. La cifra deja claro que el colapso energético sigue profundizándose y que el régimen no tiene con qué frenar la caída.

La propia nota oficial informó que el servicio estuvo afectado durante las 24 horas del día anterior y que las interrupciones siguieron en la madrugada. En la práctica, Cuba pasó otra jornada entera entre cortes, horas perdidas y una red incapaz de responder siquiera a lo básico. A las 6:00 de la mañana, la disponibilidad era de 1.180 MW frente a una demanda de 2.320 MW, con un déficit inmediato de 1.165 MW.

El panorama de fondo es el mismo que el país arrastra desde hace meses: averías, mantenimientos y limitaciones técnicas en varias termoeléctricas clave. Estaban fuera de servicio la unidad 5 de Mariel, la 6 de Diez de Octubre, la 2 de Felton y las unidades 5 y 6 de Antonio Maceo, en Santiago de Cuba. A eso se sumaban mantenimientos en Mariel, Nuevitas y Cienfuegos, además de otras restricciones que dejaban fuera del sistema 476 MW adicionales.

Para la noche, la Unión Eléctrica solo prevé incorporar la unidad 5 de Renté, con 70 MW en arranque. Aun así, el sistema quedaría muy por debajo de la demanda: 1.250 MW disponibles frente a 3.100 MW requeridos. Esa brecha anticipa una afectación de 1.880 MW en el horario de mayor consumo, una magnitud que vuelve a colocar a familias, hospitales, centros de trabajo y barrios enteros a merced de cortes interminables.

La Habana tampoco escapa al derrumbe. La Empresa Eléctrica de la capital informó que el lunes hubo que interrumpir el servicio durante 21 horas, con una máxima afectación de 338 MW en la noche. También se aplicaron cortes de emergencia y, al cierre de la información, cinco bloques seguían sin electricidad. La advertencia final es la misma de siempre: no hay horario fijo para los apagones porque todo depende de una generación que el régimen ya no puede sostener.

El dato importa porque desenmascara otra vez la prioridad de un aparato estatal que administra el fracaso como si fuera contingencia. Cuba vive atrapada en una crisis energética estructural, y la respuesta oficial sigue siendo la misma: notas informativas, promesas de recuperación y una población obligada a resolver su vida entre tinieblas. En un país donde la electricidad sostiene la comida, el agua, el transporte y el trabajo, cada apagón confirma el costo humano de un modelo agotado.

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