Cuba afronta otro lunes de apagones y más de 61 % de la isla quedará sin corriente

Cuba volverá a pasar este lunes por uno de sus cortes eléctricos más duros. En el horario de mayor demanda, más del 61 % del país quedará simultáneamente sin corriente, según los datos de la Unión Eléctrica estatal compilados por EFE. La cifra retrata un sistema al borde del colapso y confirma que el régimen sigue empujando a la población a una rutina de oscuridad, atraso y escasez.

La crisis energética se arrastra desde mediados de 2024 y responde a una mezcla conocida: falta de divisas para comprar combustible y averías constantes en unas centrales térmicas explotadas durante décadas. El resultado es el mismo para los cubanos de a pie: apagones prolongados, jornadas truncadas y una vida cotidiana sometida al vaivén de una red eléctrica cada vez más frágil.

La propia UNE, subordinada al Ministerio de Energía y Minas, prevé para la tarde-noche una generación de 1.293 megavatios frente a una demanda máxima de 3.250. Esa brecha deja un déficit de 1.957 megavatios y obliga a desconectar 1.987 para evitar un desorden mayor. Detrás de esas cifras frías está el colapso real de un servicio básico que el Estado cubano nunca logró sostener con eficiencia ni con inversión suficiente.

El panorama empeora porque nueve de las 16 unidades termoeléctricas operativas están fuera de servicio por averías o mantenimientos. Esa fuente aporta de media cerca del 40 % de la matriz energética del país, de modo que cada falla golpea con fuerza a una infraestructura ya agotada. A eso se suma que la UNE ha dejado de precisar en los últimos días cuántos motores de generación distribuida están parados por falta de diésel, fueloil y lubricante, un dato que apunta a un deterioro todavía mayor.

El corte del suministro de crudo venezolano empieza a sentirse en la isla y agrava un panorama que también se refleja en las colas en las gasolineras. El régimen insiste en culpar a las sanciones de Estados Unidos y habla de “asfixia energética”, pero la raíz del desastre está en una infraestructura controlada por el Estado, crónicamente subfinanciada y abandonada a su suerte durante años.

Los apagones ya no son un problema técnico aislado: estrangulan la economía, profundizan la contracción oficial superior al 15 % desde 2020 y han servido de detonante para las principales protestas recientes. Cada corte confirma la misma verdad incómoda para La Habana: un país sin electricidad estable también es un país sin normalidad, sin producción y sin paz social.

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