Cuba venció 7-4 a Colombia este domingo en el estadio Hiram Bithorn de San Juan, en un partido accidentado que la dejó con paso invicto en el grupo A del Clásico Mundial de Béisbol y muy cerca de la clasificación a Houston. El triunfo la colocó en posición de pelear el pase en una llave que sigue abierta entre cubanos, puertorriqueños y canadienses.
El arranque fue desordenado para los dos lados. Colombia aprovechó el descontrol del abridor cubano Denny Larrondo y un error del receptor Omar Hernández para fabricar una carrera en el primer inning sin pegar hit. Michael Arroyo recibió boleto, robó segunda y anotó desde tercera después de un tiro malo que le abrió la puerta a la ventaja temprana.
Cuba respondió de inmediato y le cayó encima al derecho Luis Patiño con un racimo de cuatro carreras en el mismo primer episodio. Roel Santos sacó boleto, Yoán Moncada recibió pelotazo y Ariel Martínez descargó un jonrón de tres carreras por el jardín opuesto. Después del primer out, Erisbel Arruebarruena también sacó la bola del parque y estiró la ofensiva cubana.
El juego se mantuvo cerrado hasta el sexto inning, cuando Colombia recortó con una anotada remolcada por Tito Polo después de boleto a Gio Urshela, doblete de Gustavo Campero y elevado de sacrificio. Pero en ese mismo capítulo Polo terminó señalado por su propio error al pifiar un elevado de Leonel Moa con dos outs, una jugada que permitió la carrera de Yoel Yanqui y abrió el camino para que Yiddi Cappe rematara con un triple productor de dos y pusiera el marcador 7-4.
La historia final también dejó una señal clara: el pitcheo cubano entregó diez bases por bolas y aun así Colombia no encontró el batazo oportuno para aprovechar esa invitación. El resultado dejó a los colombianos eliminados, con récord de 0-3 y sin opción de seguir con vida en el torneo, mientras Cuba quedó a la espera de sus choques pendientes con Puerto Rico y Canadá.
Para la selección cubana, el triunfo no solo cuenta en la tabla. Refuerza una imagen que el régimen intenta capitalizar cada vez que el equipo responde en el terreno: la pelota como vitrina política, como escaparate de resistencia y como escape simbólico en medio del desgaste cotidiano de la isla. Pero la realidad del país sigue fuera del estadio, con la misma miseria y el mismo control que expulsan talento y rompen carreras, incluso cuando el marcador sale favorable.
Ahora Cuba se prepara para medir fuerzas con Puerto Rico en un duelo de invictos, mientras Canadá completa el calendario del grupo. Si se produce el triple empate que todavía asoma, la definición dependerá de criterios de desempate y no de discursos ni propaganda. En Houston, como en todo lo que toca al deporte cubano, el resultado deportivo importa; también importa lo que el poder intenta hacer con él.

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