Cuba y EE.UU. cruzan información tras el tiroteo mortal en la costa

La Habana y Washington ya se mueven para cruzar información sobre el tiroteo mortal frente a la costa norte de Cuba, un caso que dejó cuatro sospechosos muertos, seis heridos y un funcionario cubano lesionado, y que ahora obliga a ambos gobiernos a responder por lo ocurrido en aguas cubanas.

El vicecanciller Carlos Fernández de Cossío dijo que el régimen está dispuesto a compartir datos con funcionarios estadounidenses y que pedirá detalles sobre los sospechosos y sobre los medios usados para organizar el viaje. Del lado estadounidense, también hubo señales de cooperación, aunque la investigación sigue abierta y cargada de versiones incompletas.

El Ministerio del Interior cubano sostuvo que una lancha rápida registrada en Florida, con 10 cubanos armados a bordo, abrió fuego contra soldados cubanos y que las tropas respondieron. Un funcionario estadounidense afirmó, además, que al menos un ciudadano de ese país murió y otro resultó herido. La cifra, los nombres y la secuencia de los hechos todavía no terminan de encajar en una versión cerrada.

La Habana ya publicó una lista con los presuntos implicados y los acusó de planear una incursión contra la isla. Cossío habló de rifles de asalto, armas de francotirador, pistolas, equipos de visión nocturna, bayonetas, ropa de camuflaje, raciones de combate y equipos de comunicación hallados por las autoridades. También dijo que dos de los detenidos figuraban en una lista previa que, según él, el gobierno cubano había entregado a Estados Unidos por supuesta vinculación con actos violentos y terroristas contra Cuba.

En Washington, el secretario de Estado Marco Rubio confirmó que el Departamento de Seguridad Nacional y la Guardia Costera investigan el incidente y aclaró que gran parte de lo que circula públicamente proviene de la información ofrecida por la parte cubana, todavía pendiente de verificación independiente. Esa distancia entre versiones muestra la poca transparencia con que se manejan casos de esta gravedad y deja al descubierto otra vez la desconfianza que marca la relación entre ambos países.

Para el régimen, el episodio también alimenta su narrativa de amenaza externa y asedio permanente. Cossío insistió en que Cuba ha enviado información periódica sobre personas que, según La Habana, han estado implicadas en la promoción, financiación y organización de acciones violentas contra la isla, y afirmó que aún espera respuestas sobre esos nombres y organizaciones. En vez de aclarar de manera convincente lo sucedido, el poder vuelve a colocar el foco en el enemigo de fuera para sostener su discurso político.

Mientras tanto, en La Habana y en otras zonas del país, el asunto provocó reacciones divididas, desde aplausos a la respuesta armada hasta comentarios incrédulos sobre el supuesto intento de invasión. El hecho sigue abierto, pero ya deja una lección clara: en una Cuba sometida al control político, la propaganda y la falta de respuestas, cualquier episodio de violencia termina convertido también en herramienta del régimen para reforzar su relato.

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