Cuba instala 5.000 sistemas solares en plena crisis eléctrica

Cuba comenzó a mover la instalación de 5.000 pequeños sistemas fotovoltaicos donados por China mientras la isla entra en otro tramo crítico de su colapso eléctrico. El anuncio, divulgado por el diario oficial Granma, coincide con la expectativa de un apagón histórico que dejaría a cerca del 64 % del país sin corriente al mismo tiempo y vuelve a mostrar la fragilidad de un sistema que ya no alcanza ni para sostener lo básico.

Los equipos, de dos kilovatios, irán a policlínicos, hogares maternos, casas de abuelos, funerarias, sucursales bancarias, radios, centros de telecomunicaciones y oficinas de la Unión Eléctrica. También se prevé colocarlos en viviendas aisladas, incluidas algunas que nunca han tenido acceso a la electricidad. La prioridad del plan dice mucho sobre la vida diaria en Cuba: el régimen intenta mantener respirando algunos servicios esenciales mientras el resto del país sigue hundido en apagones y carencias.

De acuerdo con la distribución divulgada, 556 sistemas se montarán en policlínicos, 461 en hogares de ancianos, 349 en oficinas de la UNE, 336 en sucursales bancarias, 301 en funerarias, 240 en instalaciones de Etecsa y 161 en hogares maternos. El mensaje es claro: el Estado ya no ofrece estabilidad energética, apenas administra urgencias. La electricidad dejó de ser un servicio confiable y pasó a convertirse en un recurso de supervivencia repartido por cuotas.

El Ministerio de Energía y Minas defendió el plan con el argumento de que, en medio del “genocida bloqueo”, se están concretando soluciones que permiten la vitalidad de policlínicos, bancos, funerarias, hogares maternos y de ancianos, además de semáforos, panaderías y escuelas. Esa propaganda vuelve a esconder la raíz del problema detrás del enemigo externo, pero la realidad del país la desmiente a diario: la crisis energética se profundiza en una economía sostenida todavía en un 80 % por combustibles fósiles y con una producción nacional de petróleo que apenas cubre una tercera parte de sus necesidades.

El propio plan solar confirma la magnitud del deterioro. La jefa del proyecto de instalación en la UNE, Elena Maidelín Ortiz Fernández, dijo a Granma que colocar estos sistemas en un centro vital municipal es “la herramienta perfecta para proteger lo esencial”. La frase suena a victoria administrativa, pero en realidad retrata una derrota de fondo: un país obligado a celebrar equipos pequeños para sostener a medias lo que antes debía funcionar con normalidad.

Cuba arrastra además un gran proyecto para levantar un centenar de parques solares con capacidad instalada total de 2.000 megavatios, de los cuales apenas la mitad ha empezado a operar. Mientras tanto, la energía solar sigue siendo minoritaria en el mix nacional y la población sigue pagando la factura del fracaso con apagones, interrupciones de servicios, hospitales más vulnerables y una vida cotidiana cada vez más rota. El régimen intenta vender como avance una respuesta de emergencia; la instalación de estos sistemas, en realidad, exhibe hasta dónde ha llegado la ruina energética del país.

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