El régimen volvió a salir al paso de las versiones sobre un supuesto incremento del precio del pasaporte para los cubanos residentes en el exterior. La aclaración llegó para desactivar el ruido, pero también dejó al desnudo una realidad que el poder intenta normalizar: el documento sigue teniendo el mismo precio formal, mientras el cobro en moneda extranjera se consolida como parte del negocio estatal.
Las tarifas no han cambiado desde 2022. La obtención del pasaporte para cubanos en el exterior se mantiene en 5,625 pesos cubanos, equivalentes a 234 dólares estadounidenses, y la prórroga continúa en 2,000 pesos cubanos, o 83 dólares. Ana Teresita González, directora general de Asuntos Consulares y Atención a Cubanos Residentes en el Exterior, afirmó en X que no se había aprobado ninguna modificación en los precios vigentes.
La letra pequeña está en la Resolución 486/2025 del Ministerio de Justicia, publicada en la Gaceta Oficial. Ahí aparece, por primera vez de forma explícita, que la actualización del esquema de cobros responde al “propósito de captar ingresos en moneda extranjera”. Ese reconocimiento marca un giro claro en el lenguaje oficial: el pasaporte deja de presentarse solo como un trámite administrativo y pasa a ser una pieza más de la recaudación del régimen.
El propio texto legal admite que la revisión de tarifas surge de la experiencia acumulada y de estudios orientados a obtener divisas y a flexibilizar las formas de pago de los servicios jurídicos vinculados a la obtención y legalización de documentos dentro y fuera del país. Ese enfoque no figuraba con esa franqueza en la Resolución 171/2022, que justificaba los cambios por razones administrativas y de reorganización.
En la práctica, los cubanos residentes en el exterior ya pagaban estos trámites en moneda extranjera a través de consulados y bufetes especializados. La novedad está en la confesión oficial: el Estado admite abiertamente que exprimir a la emigración forma parte de su estrategia financiera. En un país asfixiado por la crisis económica y la escasez de divisas, el poder convierte hasta un documento de identidad en fuente de ingreso.
Los consulados cubanos, además, publican de manera habitual los costos en monedas extranjeras. En México, la renovación se cobra en pesos mexicanos; en Bolivia, el pago se exige en efectivo y en dólares estadounidenses, con condiciones precisas sobre los billetes aceptados. Todo ese entramado confirma una dependencia cada vez mayor de los cubanos fuera de la Isla, a quienes el régimen trata como contribuyentes forzosos de una economía en ruinas.
El mensaje político es directo. El Gobierno niega un aumento que no existe en la tabla oficial, pero la resolución revela con claridad el objetivo real: recaudar en divisas a costa de quienes tuvieron que marcharse. El pasaporte cubano sigue siendo un servicio caro; ahora también queda escrito, sin disimulo, que sirve para alimentar las cuentas del Estado.
El régimen mantuvo sin cambios el precio del pasaporte, pero la nueva resolución del Ministerio de Justicia admite que el cobro busca captar divisas de la emigración.[8]pasaporte cubanocubanos en el extranjeroemigración cubanadolarizacióndivisasGaceta Oficialcrisis económicarégimen

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