Cuba sufre en 2025 su peor caída turística desde 2002

Cuba cerró 2025 con la llegada más baja de turistas desde 2002, dejando fuera los años marcados por la pandemia. La cifra confirma el retroceso de un sector que el régimen presentó durante años como una de sus grandes tablas de salvación económica.

El golpe tiene un valor político además de económico. El turismo fue exhibido por La Habana como prueba de capacidad de gestión y como sostén para una economía cada vez más ahogada. El resultado real muestra otra cosa: menos visitantes, menos divisas y menos aire para un país que depende de entradas externas mientras el aparato estatal mantiene frenada la producción y encarece cualquier intento de recuperación.

La caída también desarma la propaganda oficial sobre la supuesta fortaleza del modelo. Cuando un país pierde turistas al nivel que registra Cuba, el daño se siente en los hoteles, en el consumo y en toda la cadena que vive de ese flujo. Pero el impacto más profundo recae sobre una economía ya castigada por la escasez, la inflación y la ausencia de soluciones de fondo.

El derrumbe turístico vuelve a exponer la fragilidad del castrismo en un terreno que durante años intentó vender como escaparate. La realidad le pasa factura a un sistema que centraliza decisiones, asfixia la iniciativa y termina haciendo polvo hasta los sectores que presume estratégicos. La estadística de 2025 deja esa evidencia por delante de cualquier eslogan.

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