Cuba reactiva el SEN tras 29 horas, pero siguen los apagones

La Unión Eléctrica logró reconectar este martes el Sistema Electroenergético Nacional a las 18:11, casi 30 horas después del colapso total que dejó a millones de cubanos a oscuras desde el lunes a las 13:40. El alivio fue parcial desde el primer minuto: el SEN volvió a enlazarse, pero los apagones siguieron por un déficit que el propio sistema no consigue resolver.

Desde el Despacho Nacional de Cargas, el ingeniero Linsner Cruz Sánchez reconoció que la isla seguía arrastrando una falta elevada de generación mientras varias unidades termoeléctricas, entre ellas Mariel, Santa Cruz, Felton y Rente, continuaban en arranque. La secuencia de recuperación avanzó primero por Pinar del Río y Holguín, y dejó para el final a Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo.

El restablecimiento fue lento porque la escasez de combustible impidió repetir el esquema habitual de reconexión simultánea por islas en varias provincias. El régimen volvió a exhibir, así, una red eléctrica dependiente de maniobras de emergencia y de un combustible que no llega con regularidad, mientras millones de familias siguen pagando en oscuridad, calor y paralización doméstica la decadencia del sistema energético.

Durante las casi 30 horas de desconexión total, la UNE solo pudo sostener servicio en hospitales, estaciones de bombeo de agua y centros de producción de alimentos. El colapso arrastró además una caída del 65% del tráfico de datos de internet en la isla, según registros de Cloudflare, otro golpe directo a una población que ya vive entre apagones, mala conexión y servicios cada vez más precarios.

La magnitud de esta crisis no deja margen para el discurso complaciente. Este fue el sexto apagón total del SEN en año y medio y el segundo en menos de dos semanas, después del ocurrido el 4 de marzo por una falla en la CTE Antonio Guiteras. Antes del colapso, la disponibilidad apenas llegaba a 1.140 megavatios frente a una demanda de 2.347, una brecha que desnuda el desgaste acumulado del sistema y la incapacidad del aparato estatal para sostener un servicio básico.

La UNE no identificó una causa clara del colapso y admitió que no había averías reportadas en las unidades operativas en el momento del desplome. El propio gobierno reconoció que no sabe qué provocó el apagón, una confesión que agrava la indefensión ciudadana en un país donde el Estado controla la energía, pero no garantiza ni estabilidad ni respuestas.

La semana pasada, Miguel Díaz-Canel admitió que hace tres meses no llega un buque de combustible al país. También dejó claro el reflejo político del régimen: entender el malestar popular mientras amenaza con no dejar impunes las protestas contra el Estado. Esa mezcla de escasez, opacidad y advertencia represiva termina de explicar por qué cada apagón en Cuba es también un acto de desgaste social y de control político.

En los barrios, la reacción volvió a escucharse en cacerolazos desde La Habana hasta Santiago de Cuba. El sistema quedó reinterconectado, pero la vida cotidiana sigue sometida a la misma condena: generación insuficiente, combustible escaso y una crisis energética que el régimen administra a medias, sin resolverla y sin dar seguridad a la población.

La UNE reconectó el SEN tras 29 horas de colapso, pero Cuba sigue bajo apagones, déficit de generación y una crisis de combustible sin salida.[29][

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