Cuba empezó a salir este martes del nuevo apagón nacional, pero la recuperación llegó a medias y dejó al país todavía partido en dos por la oscuridad. Siete de las 16 unidades térmicas estaban funcionando al mediodía, según el Ministerio de Energía y Minas, mientras amplias zonas seguían con cortes generalizados y tres provincias del oriente permanecían fuera del Sistema Eléctrico Nacional.
La reconexión avanzó desde Pinar del Río hasta Holguín, pero Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo seguían dependiendo solo de microsistemas para sostener hospitales, telecomunicaciones, bombeo de agua y elaboración de alimentos. En la práctica, el alivio llegó donde pudo y no donde hacía falta. Para millones de cubanos, eso significa volver a la rutina de la incertidumbre, con la comida, el descanso y el trabajo atados a un sistema que se cae una y otra vez.
La Habana mostró el mayor avance, aunque también dejó al descubierto la fragilidad del restablecimiento. La Unión Eléctrica reportó 384.372 clientes con servicio, el 44,5 % del total en la capital. La cifra habla por sí sola: incluso en la ciudad que concentra más recursos y atención política, la normalidad sigue fuera de alcance. El resto del país continúa pagando el precio más alto, con barrios enteros sin electricidad y una economía que no termina de arrancar.
Este fue el sexto apagón nacional en apenas año y medio, una secuencia que desnuda el derrumbe del sistema eléctrico cubano. Antes de la desconexión total, La Habana acumulaba apagones de unas 15 horas diarias y en las provincias los cortes podían extenderse dos días seguidos. El régimen insiste en hablar de avances graduales, pero la realidad es más dura: la infraestructura energética vive al límite y arrastra a todo el país hacia la parálisis.
Las autoridades han señalado fallos y averías en centrales como la Antonio Guiteras, además de los efectos de desastres naturales. A eso suman el bloqueo petrolero iniciado en enero por Estados Unidos, que ha paralizado parte del sistema de generación que depende de diésel y fueloil. Esa explicación oficial confirma otra cosa: Cuba sigue atrapada entre un aparato energético obsoleto y una gestión estatal incapaz de sostener servicios básicos sin desplazar el costo hacia la población.
Mientras el SEN intenta volver a enlazarse, la factura social sigue creciendo. La actividad económica queda prácticamente frenada y el descontento se ha dejado ver en protestas recientes, sobre todo en La Habana, además del episodio de violencia en Morón, donde cinco personas terminaron detenidas. Cada apagón masivo vuelve a mostrar lo mismo: el castrismo no ha sido capaz de garantizar luz, estabilidad ni respuesta, y cada caída del sistema se convierte en otra forma de castigo para el país.

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