El régimen cubano volvió a apretar el paso ante una crisis de combustible que amenaza con paralizar aún más al país. Este viernes, el Ministerio del Trabajo pidió a las empresas estatales que faciliten el teletrabajo y la reubicación de empleados como respuesta al desabastecimiento, mientras la cúpula reconoce que la isla entra en una etapa de severas limitaciones energéticas.
Jesús Otamendiz, titular de la cartera, dijo en televisión que los centros laborales públicos deberán ajustar sus horarios según la situación energética de cada zona. La medida traslada a cada oficina y a cada empresa la carga de improvisar soluciones para sostener servicios que ya operan bajo presión constante.
El plan incluye mover trabajadores hacia áreas consideradas básicas y, cuando eso no sea posible, aplicar una “interrupción laboral” hasta que el empleado pueda ser reubicado o trabajar desde casa. En ese caso, según explicó el ministro, durante un mes se le pagará el salario correspondiente. La decisión queda en manos de cada entidad estatal, un reflejo del desorden administrativo con que el régimen intenta contener el golpe del apagón energético que se le viene encima.
La respuesta oficial llega después de que el Gobierno aprobara en un Consejo de Ministros extraordinario un paquete de medidas anticrisis ante la posibilidad de que la isla quede al borde de un “desabastecimiento agudo de combustible”. Miguel Díaz-Canel admitió el jueves que la situación es “compleja” y que los cubanos van a “vivir tiempos difíciles, muy difíciles”, una confesión que confirma el deterioro sin ofrecer salida real.
El trasfondo es conocido: Cuba depende de importaciones para cubrir dos tercios de su consumo energético, y en 2025 el petróleo venezolano habría representado alrededor del 30 por ciento de sus necesidades, según cálculos independientes. La caída de ese suministro dejó al régimen sin uno de sus apoyos más sensibles, justo cuando el país arrastra una dependencia estructural que La Habana nunca resolvió y que hoy paga la población con más escasez y más incertidumbre.
Desde el 3 de enero, Estados Unidos cerró el flujo de petróleo venezolano a Cuba, y el 29 de enero anunció una orden presidencial para aplicar aranceles a quien suministre combustible a la isla. La operación militar estadounidense en Caracas también cortó el suministro vital que sostenía a la economía cubana y dejó al descubierto la fragilidad de un modelo incapaz de sostenerse sin aliados externos.
El experto cubano Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, advirtió para EFE que, si no llegan nuevos envíos, Cuba podría entrar en una grave crisis para marzo. En lo que va de año, la isla apenas ha recibido un petrolero procedente de México con unos 86.000 barriles de crudo, una cifra insuficiente para aliviar el cuadro general.
Díaz-Canel también reconoció que Cuba no ha recibido combustible del exterior desde diciembre por las presiones de Estados Unidos. En la práctica, el régimen prepara parches laborales mientras la crisis energética golpea la producción, el transporte y la vida diaria de millones de cubanos.

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