La Unión Eléctrica volvió a reconocer este jueves un colapso de fondo en el Sistema Eléctrico Nacional: el déficit de generación rozó los 1.800 megavatios y dejó al país otra vez sometido a apagones durante todo el día y la madrugada. La cifra, por sí sola, confirma que Cuba sigue atrapada en una crisis que el régimen administra a base de partes oficiales, pero no resuelve.
La nota de la UNE correspondiente al 26 de febrero informó que la máxima afectación alcanzó los 1.879 MW a las 7:10 de la noche, justo en el horario de mayor consumo. A las 6:00 de la mañana, la disponibilidad del sistema era de 1.170 MW frente a una demanda de 1.930 MW, lo que ya provocaba 832 MW afectados desde temprano. Ni siquiera al mediodía el panorama mejoraba: la empresa estatal proyectó 850 MW de afectación, una señal clara de que el apagón dejó de ser un problema aislado del pico nocturno.
Para el horario de máxima demanda, la propia UNE estimó una disponibilidad de 1.346 MW si entra en funcionamiento la unidad 2 de la CTE Santa Cruz, en proceso de arranque. Aun así, la demanda máxima proyectada subiría a 3.100 MW, con un déficit de 1.754 MW y una afectación prevista de 1.784 MW. En otras palabras, el sistema sigue sin capacidad real para sostener la vida cotidiana del país.
Las causas también quedaron expuestas en el parte oficial. Cinco unidades de las termoeléctricas de Mariel, Santa Cruz, Felton y Antonio Maceo estaban fuera de servicio por averías. A eso se suman tres bloques en mantenimiento en Mariel, Nuevitas y Carlos Manuel de Céspedes, además de 434 MW limitados en la generación térmica. Ese panorama revela una infraestructura exprimida durante años y abandonada a su propia suerte, mientras el discurso oficial insiste en presentar como alivio una red incapaz de cubrir la demanda básica.
La UNE destacó que los 51 nuevos parques solares fotovoltaicos aportaron 5.308 MWh y alcanzaron una potencia máxima de 916 MW en el horario del mediodía. Pero ese empuje no alcanza para tapar el peso de las termoeléctricas rotas, los mantenimientos acumulados y la fragilidad estructural de un sistema que depende todavía de su columna vertebral tradicional para sostener al país. La propaganda energética no cambia la realidad de un pueblo que sigue apagado.
La Habana tampoco escapó al golpe. La Empresa Eléctrica capitalina informó que el servicio estuvo interrumpido desde las 7:00 de la mañana del miércoles, con una máxima afectación de 359 MW a las 7:00 de la noche, de ellos 70 MW por emergencia. Aunque el suministro se restableció a las 11:24 de la noche, al cierre del parte todavía quedaban cuatro bloques afectados, para un total de 172 MW, con pronóstico de recuperación en la mañana.
La advertencia más dura llegó al final: si no mejora la disponibilidad del SEN, pueden producirse nuevas afectaciones por contingencia energética, sin horario previsto. Ese aviso retrata la realidad cubana con crudeza: millones de personas quedan otra vez a merced de interrupciones imprevisibles, de una economía paralizada por la oscuridad y de un régimen que lleva años sosteniendo el país con excusas, no con soluciones.

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