Delcy Rodríguez acusa a Washington de injerencia en Venezuela

Delcy Rodríguez volvió a cargar contra Estados Unidos y dejó claro que el régimen de Caracas insiste en presentarse como víctima de una agresión externa mientras agrava su deriva autoritaria. En un acto institucional con trabajadores de la industria de hidrocarburos en la Refinería Puerto La Cruz, la dirigente dijo que Venezuela no aceptará más órdenes de Washington sobre su política interna.

“Ya basta de las órdenes de Washington sobre políticos en Venezuela. Que sea la política venezolana que resuelva nuestras divergencias y nuestros conflictos internos. Ya basta de potencias extranjeras”, afirmó Rodríguez en la tarde del domingo. La declaración fue reproducida por la televisora estatal VTV y se produjo en medio de una nueva ofensiva verbal del oficialismo contra EE.UU., al que responsabiliza de la presión política, el bloqueo económico y las medidas coercitivas que golpean al país.

La mandataria encargada también habló de “las consecuencias del fascismo” y del “extremismo” en las últimas dos décadas, en un intento por blindar al aparato chavista frente al rechazo internacional. Sostuvo que el país debe encaminar una “paz política, económica y social”, y aseguró que las ganancias de la industria petrolera se orientarán de inmediato a mejorar el ingreso de los trabajadores, además de la salud, la educación y la alimentación.

Rodríguez insistió en que los sectores que apoyen bloqueos o invasiones deben quedar fuera de la vida nacional. Dijo que quienes hayan pedido bombas sobre el territorio venezolano “no merecen” el gentilicio ni el reconocimiento del pueblo. El discurso busca cerrar filas alrededor del poder y presentar como traición cualquier disidencia que cuestione al oficialismo.

El pronunciamiento llega después de la operación militar que Caracas atribuye a EE.UU. el 3 de enero, bajo el argumento de la lucha contra el narcoterrorismo. Según la versión oficial venezolana, los ataques alcanzaron Caracas y los estados Miranda, Aragua y La Guaira, dejaron más de 100 muertos y terminaron con el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, trasladados a Nueva York. Caracas calificó la acción como una gravísima agresión militar y la vinculó con el interés de apoderarse del petróleo y los minerales del país.

La misma narrativa fue acompañada por reacciones de Rusia, China y otras voces que pidieron la liberación de Maduro y su esposa. Moscú defendió el derecho de Venezuela a decidir su destino sin intervención externa. En medio de ese cuadro, el régimen vuelve a usar la retórica antiimperialista como escudo político, mientras insiste en concentrar poder, sofocar el disenso y atribuir todos sus males a enemigos foráneos.

Según el Ministerio de Interior, Justicia y Paz de Venezuela, al menos 100 personas murieron en el ataque, entre ellas 32 cubanos que custodiaban a Maduro. Ese dato añade otra capa de costo humano a una crisis que el oficialismo intenta convertir en propaganda de resistencia, aunque el precio real lo siguen pagando militares, civiles y familias enteras atrapadas en la escalada de poder y violencia.

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