El congresista cubanoamericano Mario Díaz-Balart volvió a poner bajo la lupa la Ley Libertad y Solidaridad Democrática para Cuba, aprobada por el Congreso de Estados Unidos en 1996, al recordar su aniversario y vincularla con los crímenes del régimen castrista. Su mensaje llegó acompañado de una nueva exigencia de justicia por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, una herida que sigue abierta para las familias de las víctimas.
Díaz-Balart sostuvo que no se puede pasar página sobre las atrocidades cometidas por el régimen ni sobre las vidas inocentes perdidas por su brutalidad. En su lectura, la ley fue concebida para respaldar la libertad del pueblo cubano y para obligar al castrismo a responder por sus crímenes, en momentos en que Washington buscaba endurecer la presión política y legal sobre La Habana.
La llamada Helms-Burton codificó en una sola pieza legislativa el embargo y las condiciones para levantarlo. Ese dato importa porque convirtió en norma federal la política de castigo contra una dictadura que había hecho del control interno, la represión y la impunidad su forma de gobierno. Desde entonces, cada aniversario sirve también para medir cuánto pesan todavía los abusos del régimen en la relación bilateral.
El recuerdo de Díaz-Balart llegó además poco después de otra conmemoración del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, acción ejecutada por la aviación militar cubana contra dos aeronaves civiles que sobrevolaban el estrecho de la Florida para ubicar y asistir a posibles balseros. Ese episodio terminó con la muerte de cuatro personas y quedó como uno de los símbolos más duros de la violencia del castrismo fuera y dentro de Cuba.
El congresista dijo que junto a otros legisladores cubanoamericanos envió una carta a la Administración Trump para pedir que Raúl Castro fuera acusado formalmente por su participación en el hecho. En su mensaje insistió en que las familias de las víctimas merecen justicia, una demanda que el régimen ha intentado sepultar durante décadas bajo propaganda y silencio.
También afirmó que el régimen “nunca ha estado tan débil” y que llegará el momento en que quienes asesinan, torturan y encarcelan a inocentes rindan cuentas por sus crímenes. La frase resume la lectura política que rodea a la Helms-Burton: una ley nacida del choque directo con un poder que ha hecho de la represión su principal herramienta de control y de la impunidad su escudo más útil.

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