La Habana confirmó este viernes que mantiene un “diálogo” con Estados Unidos sobre las diferencias bilaterales, aunque Miguel Díaz-Canel dejó claro que las conversaciones apenas están en “fases iniciales” y siguen lejos de un acuerdo. El reconocimiento llega en medio de una nueva escalada de presión sobre la isla y de un país empujado al límite por la crisis económica, energética y social que el régimen ya no logra disimular.
Durante su comparecencia, el mandatario habló de contactos “por la vía del diálogo” para buscar una “posible solución” a los problemas entre ambos gobiernos. También insistió en que la parte cubana pretende negociar sobre la base de la “igualdad”, el “respeto” a los sistemas políticos y la “soberanía”, el mismo lenguaje con el que la cúpula de poder trata de blindar su control mientras el deterioro interno se profundiza.
El anuncio marca un giro después de semanas en las que Washington sostuvo que sí existían esos contactos y La Habana los negó o eludió el tema. Ahora el régimen admite el intercambio, pero sin explicar qué asuntos están sobre la mesa ni qué concesiones podrían exigir ambas partes. Esa opacidad no es menor: en Cuba, cada apertura diplomática termina filtrada por una estructura de poder que responde primero a su propia supervivencia política.
Díaz-Canel también aseguró que la decisión fue tomada “de forma colegiada” junto a Raúl Castro y otros miembros del aparato estatal y del Partido Comunista. La presencia en el anuncio de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y figura sin cargo oficial relevante, confirma hasta qué punto las negociaciones siguen orbitando alrededor del círculo más cerrado del poder, lejos de cualquier transparencia institucional.
El presidente añadió que el régimen espera una visita de agentes del FBI para colaborar en el esclarecimiento del incidente de la lancha procedente de Estados Unidos en el que murieron cinco personas, un episodio que elevó todavía más la tensión bilateral. En paralelo, la ONG Prisoners Defenders reportó al menos cinco excarcelaciones recientes y recordó que, a finales de febrero, Cuba mantenía 1.214 presos por motivos políticos.
Ahí está el fondo político del asunto: mientras La Habana habla de entendimiento, sigue cargando con una represión que vacía cárceles y llena el exilio, y con una crisis que ha llevado la isla al borde del colapso. El “diálogo” con Washington aparece así como un movimiento obligado por la presión externa y por el fracaso interno, no como una señal de apertura real del sistema.
El propio Díaz-Canel agradeció a “actores internacionales” que habrían favorecido estos contactos, sin mencionar nombres. Entre tanto, el régimen busca espacio para respirar sin tocar la esencia de su modelo: control político, censura y una economía hundida que castiga a los cubanos de a pie mientras la cúpula intenta ganar tiempo.

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