Miguel Díaz-Canel terminó diciendo en voz alta lo que el régimen intenta esconder detrás de la propaganda: dentro del Partido Comunista de Cuba no hay una unidad real. El primer secretario del Comité Central reconoció que esa supuesta cohesión no puede ser “formal ni acrítica”, y que solo existe cuando hay debate y confrontación de ideas entre los militantes.
La confesión llegó durante los plenos extraordinarios de los comités provinciales del PCC en Santiago de Cuba y Guantánamo, donde el mandatario insistió en que la unidad no nace del silencio ni de los acuerdos fingidos. “Si no hay debate, si no hay crítica honesta y abierta para perfeccionar, no hay unidad”, dijo, en un discurso que volvió a exhibir la distancia entre el relato oficial y la realidad política del país.
Díaz-Canel trató de vestir de autocorrección lo que en verdad suena a desgaste interno. Aseguró que la unidad debe construirse “discutiendo fuerte entre nosotros, pero avanzando juntos”, y calificó de “mentira” cualquier cohesión basada en callar los problemas para no incomodar. El mensaje, presentado como llamado a la franqueza, también deja al descubierto la fragilidad de una estructura partidista que depende más de la disciplina impuesta que de la convicción de sus propios cuadros.
El mandatario defendió que los debates dentro del Partido sean “limpios y transparentes”, pero esa consigna choca con la práctica cotidiana de una dictadura que reprime y criminaliza la crítica fuera de sus paredes. Mientras el poder exige franqueza entre militantes, castiga a ciudadanos, activistas y periodistas independientes que se atreven a hablar con la misma claridad que ahora reclama el jefe del régimen.
En la misma intervención, Díaz-Canel pidió a los cuadros concentrarse en “las prioridades” y asumir responsabilidad por lo que no funciona bien. También reclamó que la militancia participe de forma activa en la solución de los problemas y no se limite a cumplir formalidades. El lenguaje de siempre volvió a aparecer: más base, más disciplina, más corrección interna, como si el fracaso de décadas pudiera remediarse con otra ronda de consignas.
La reunión estuvo encabezada además por Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Comité Central, quien insistió en aplicar “con agilidad” los acuerdos del XI Pleno del Comité Central, celebrado en diciembre. En Santiago de Cuba participaron Beatriz Johnson Urrutia y en Guantánamo Yoel Pérez García, en una puesta en escena donde el aparato partidista volvió a repetir sus fórmulas de control político.
Esta nueva gira discursiva se suma al mensaje lanzado un día antes en Pinar del Río y Artemisa, cuando Díaz-Canel responsabilizó a la militancia de lo que no funciona en el país y exigió que cada núcleo corrija los problemas desde la base. El discurso llega en medio de apagones, escasez y un malestar social que el régimen no logra maquillar con llamados a la “unidad”, porque la crisis cubana ya se siente también dentro de su propio aparato de poder.
Lo que emerge de estas declaraciones es un Partido Comunista agrietado, agotado y cada vez más incapaz de sostener la farsa de cohesión que ha vendido durante años. Cuando el propio jefe del régimen admite que la unidad es ficticia si se basa en callar, confirma que el castrismo sobrevive a fuerza de disciplina, miedo y propaganda, no de legitimidad.

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