Díaz-Canel vuelve a cadena nacional en plena crisis

Miguel Díaz-Canel volverá a salir este viernes 13 por cadena nacional para hablar de asuntos del acontecer nacional e internacional, en una comparecencia anunciada por Cubadebate y prevista para las 7:30 de la mañana. El dato importa porque llega en medio de apagones, escasez y un desgaste social que el régimen intenta administrar con televisión, radio y propaganda, mientras sigue sin ofrecer soluciones concretas.

La intervención será transmitida por los medios oficiales, también por sus plataformas digitales, y luego repetida en Mesa Redonda. Ese circuito mediático confirma el método de siempre: concentrar el mensaje en el aparato estatal y presentar como información lo que en realidad suele ser un ejercicio de control político sobre una crisis que golpea de lleno a la población.

El gobierno no adelantó los temas específicos que tratará el gobernante. Esa falta de precisión no es un detalle menor en un país donde el poder habla a conveniencia y evita rendir cuentas. La comparecencia llega además como continuidad de la que ya realizó el 5 de febrero, otra señal de que el discurso oficial insiste en reciclar explicaciones mientras la economía sigue hundida y la vida diaria de los cubanos se vuelve más áspera.

En redes sociales, el anuncio desató escepticismo y burla. Varios usuarios anticiparon un libreto repetido, con frases gastadas sobre resistencia, sacrificio y consignas que ya nadie cree. También aparecieron comentarios sobre la hora elegida y sobre el propio viernes 13, en un clima de cansancio que refleja mejor que cualquier parte oficial el estado de ánimo del país.

La transmisión coincide, además, con una realidad elemental: buena parte de Cuba vive pendiente de si habrá corriente para poder verla. Ese contraste entre cadena nacional y oscuridad cotidiana resume la distancia entre el relato del poder y la vida real en la isla. Díaz-Canel hablará desde el aparato estatal; la población seguirá enfrentando apagones, falta de abastecimiento y una crisis que el régimen trata de cubrir con pantalla, pero no resuelve.

La nueva comparecencia termina funcionando como otra operación de propaganda en plena emergencia económica. El castrismo vuelve a apostar por el mismo formato, pero la respuesta popular ya está marcada por el cansancio y la desconfianza. En Cuba, cada aparición de ese tipo dice menos sobre la fortaleza del régimen que sobre su necesidad de controlar el relato cuando el país se le sigue desmoronando por dentro.

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