Díaz-Canel recurre a los “logros sociales” para ocultar la crisis

Miguel Díaz-Canel volvió a sacar a relucir en el Pleno del Partido Comunista en La Habana una de las comparaciones más usadas por la propaganda del poder: la idea de que Cuba ha tenido “resultados en lo social” que Estados Unidos no tiene. Lo hizo en medio del reconocimiento oficial de la crisis urbana, sanitaria y energética del país, una escena que deja al descubierto la desconexión del gobernante con la realidad que viven los cubanos.

El recurso del régimen es viejo y predecible. Cuando el derrumbe del transporte, la vivienda, la sanidad y la economía ya no puede esconderse, la cúpula vuelve al libreto de siempre: presentar el colapso como una supuesta superioridad moral frente a Washington. Esa operación política busca blindar al castrismo con consignas mientras la vida cotidiana de la isla se hunde.

La mención a Estados Unidos no fue casual. Cada vez que la crisis interna se vuelve imposible de maquillar, la maquinaria oficial responde con el mismo giro ideológico para mover el foco lejos de la escasez, los apagones, la inflación y el éxodo masivo. El enemigo externo funciona como pantalla; la ruina interna, como tema prohibido.

En ese discurso, los “resultados sociales” aparecen sin cifras, sin evidencia y sin contexto. El poder los usa para sostener la imagen de una Cuba heroica, bloqueada por fuera y moralmente superior por dentro, aunque la realidad diaria diga otra cosa. Hospitales sin insumos, escuelas semiderrumbadas, barrios enteros sin agua ni electricidad y una población obligada a vivir entre colas, trueques y remesas describen un país exhausto.

La comparación con Estados Unidos no aporta un dato serio ni una discusión honesta sobre el estado de la nación. Sirve para tapar la falta de respuestas del régimen y para darle oxígeno a un relato agotado que ya no convence ni a sus propias bases. Cuando el poder necesita medir su fracaso con la vara de otro país, lo que exhibe es pobreza de resultados y una dependencia total de la propaganda.

El problema para Díaz-Canel y para el aparato que lo sostiene es que la realidad cubana ya no cabe en ese libreto. La pobreza estructural, el colapso de los servicios públicos y la pérdida de confianza en las instituciones han vaciado de contenido la cantinela de los “logros sociales”. Lo que queda es un gobierno aferrado al discurso del enemigo externo porque no tiene nada sólido que mostrar dentro de la isla.

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