Díaz-Canel usa la ayuda de México para reforzar su relato contra EE.UU.

Miguel Díaz-Canel volvió a convertir una ayuda humanitaria en propaganda política al agradecer los envíos llegados desde México y presentarlos como respaldo a la “resistencia” del régimen frente a Estados Unidos. El mensaje, publicado en su cuenta de X, enlazó la solidaridad mexicana con el discurso oficial que culpa a Washington de la crisis cubana y descarga sobre el bloqueo toda la responsabilidad del desastre interno.

El gobernante cubano agradeció de manera directa a Claudia Sheinbaum y celebró también el llamado del diario La Jornada a apoyar al pueblo cubano. En ese texto, el medio pidió respaldar acciones ciudadanas para “proteger el bienestar, la integridad y la dignidad humanas en Cuba”, una formulación que Díaz-Canel aprovechó para envolver al castrismo en un lenguaje de fraternidad mientras la isla sigue dependiendo de asistencia externa para sostener lo más básico.

La jugada política es clara. Cada envío humanitario le permite al poder en La Habana insistir en que Cuba resiste un asedio extranjero, aunque la vida cotidiana de los cubanos siga marcada por la escasez, la falta de alimentos, la crisis de los servicios y un aparato estatal incapaz de dar respuestas. La ayuda alivia, pero también deja expuesta la fragilidad de un sistema que no produce bienestar ni garantiza condiciones mínimas para su propia gente.

Al mismo tiempo, el escenario internacional le sirve al régimen para endurecer su narrativa. El 29 de enero, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que declaró una “emergencia nacional” ante la supuesta amenaza que, según Washington, representa Cuba para la seguridad de Estados Unidos y la región. El texto acusó al Gobierno cubano de alinearse con países hostiles, de acoger a Hamás y Hezbolá y de permitir capacidades militares e de inteligencia de Rusia y China en la isla.

Díaz-Canel respondió con una denuncia contra la medida y la calificó de “fascista, criminal y genocida”. Esa reacción le permite al régimen volver al guion de siempre: convertir el conflicto con Washington en coartada política y esconder que la dependencia de la ayuda extranjera nace del fracaso propio. El problema de fondo sigue dentro de Cuba, donde el castrismo administra la pobreza, controla la economía y usa cada gesto de solidaridad para apuntalar su relato de resistencia.

La asistencia mexicana puede tener un valor real para los cubanos que sobreviven entre carencias. El uso que hace el poder de ese apoyo confirma otra cosa: la cúpula sigue necesitando auxilio externo mientras mantiene intacto un modelo que castiga a la población, estruja la economía y luego exige aplausos por resistir la crisis que ella misma produjo.

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