El dólar volvió a encarecerse este martes en el mercado informal cubano y reforzó su papel como la referencia principal para comprar, vender y sobrevivir en la Isla. La tendencia, que se ha acelerado en las últimas semanas, confirma la caída libre del peso cubano y la incapacidad del régimen para imponer un orden cambiario mínimamente creíble.
De acuerdo con el monitoreo diario de El Toque, la moneda estadounidense siguió al alza mientras el euro y la MLC se mantuvieron estables, aunque en niveles altísimos que siguen asfixiando la economía cotidiana. Esa conducta del mercado paralelo refleja la especulación, la escasez de divisas y la ausencia de una política eficaz para frenar la depreciación de la moneda nacional.
Las cifras publicadas ubican al euro en 520 CUP, al dólar en 460 CUP y a la MLC en 205 CUP. También aparecen ofertas en rangos todavía más amplios, una señal de la volatilidad que domina el mercado informal y de la presión que recae sobre cualquier familia que necesita acceso a moneda dura para resolver lo básico.
La subida del dólar arrastra además otras divisas como la libra esterlina, el dólar canadiense y el peso mexicano, junto con medios de pago electrónicos como Zelle, que se han convertido en canales alternativos dentro y fuera del país. Todo eso consolida una dolarización de facto que el régimen nunca ha querido reconocer con honestidad.
El golpe sobre el bolsillo es inmediato. Los salarios y las pensiones en pesos cubanos quedan cada vez más lejos de cubrir alimentos, medicinas y otros gastos esenciales, precisamente en un país donde esos precios se mueven según el valor de las divisas informales. La brecha entre la calle y la tasa oficial sigue creciendo, y con ella la desigualdad entre quienes tienen acceso a moneda fuerte y quienes dependen por completo del peso hundido por la mala administración estatal.
Economistas independientes vinculan esta escalada a la falta de confianza en la moneda nacional y a la ausencia de medidas concretas para detener su derrumbe. El régimen ha hablado de un sistema cambiario más flexible, pero no ha puesto sobre la mesa acciones reales que respalden esa promesa. Mientras tanto, la población sigue atrapada en un mercado informal que se ha vuelto la única vía para conseguir divisas y la prueba más visible del fracaso económico oficial.

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