Estados Unidos se reúne con Berta Soler en La Habana

La reunión entre el coordinador de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado de Estados Unidos, Rob Allison, y la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, volvió a colocar en primer plano la represión del régimen contra el activismo cívico en Cuba. En La Habana, Allison también se entrevistó con el ex preso político Ángel Moya, mientras la embajada estadounidense insistía en la liberación de todos los presos políticos y en el respeto a la libertad religiosa.

El dato tiene peso por lo que revela dentro de la Isla: la oposición y la Iglesia siguen siendo espacios vigilados, presionados y usados como termómetro de la situación política cubana. Soler dijo que el funcionario se mostró “muy receptivo” ante las preocupaciones que ella y su esposo le plantearon, en un contexto donde el régimen mantiene sobre ella una ofensiva sostenida de hostigamiento, arrestos arbitrarios y vigilancia permanente.

La propia embajada informó además que Allison se reunió con el cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez y con el obispo Arturo González Amador, con participación del jefe de misión estadounidense en La Habana, Mike Hammer. En ese encuentro se habló de la ayuda humanitaria enviada por Washington a provincias golpeadas por el huracán Melissa, que la Iglesia Católica distribuye sobre el terreno.

Ese punto también deja una lectura incómoda para el castrismo. Cuando la ayuda para los afectados por un desastre natural pasa por la Iglesia, el régimen exhibe su incapacidad para responder con eficacia y su costumbre de controlar o entorpecer cualquier canal independiente de asistencia. La mediación eclesial se vuelve necesaria porque el Estado cubano no ofrece confianza, ni transparencia, ni capacidad real para aliviar la emergencia de la gente.

La situación de Berta Soler explica por qué este tipo de reuniones siguen siendo sensibles para La Habana. El 1 de enero, agentes de la Seguridad del Estado la arrestaron para impedirle asistir a la primera misa del año en la Catedral habanera. La detuvieron alrededor de las 2:30 de la tarde, la llevaron a la Unidad de Policía de Aguilera y la mantuvieron retenida por más de cuatro horas, sin cargos.

Tras salir, Soler contó que estuvo en el área de depósito de detenidos junto a unas 18 personas privadas de libertad por delitos comunes. “Hoy ya toqué un calabozo”, dijo en un audio divulgado después de su excarcelación. La frase resume el método del régimen: castigo sin proceso, encierro breve, intimidación constante y un mensaje político claro para quien insista en reclamar derechos.

Soler, nacida en Matanzas y licenciada en Microbiología, se convirtió en una de las figuras más visibles de la disidencia tras la Primavera Negra. Desde entonces encabeza las Damas de Blanco, un movimiento surgido para exigir la liberación de presos políticos y que después amplió su denuncia contra la represión y por la libertad religiosa.

Durante 2025, según el propio material difundido sobre su caso, fue sometida a vigilancia permanente, arrestos arbitrarios, amenazas y desapariciones de corta duración, una práctica que el régimen usa para desgastar a los opositores sin pasar por un tribunal. En septiembre recibió el Premio Solidaridad Lech Walesa, otro recordatorio de que la represión interna en Cuba no borra la dimensión política y moral de su causa.

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