Estados Unidos confiscó este miércoles el petrolero Marinera, un buque con bandera rusa que Washington vincula al transporte de crudo venezolano sancionado. La operación vuelve a tensar la pulseada entre la Casa Blanca, el aparato de poder en Caracas y Moscú, en medio de la ofensiva de Donald Trump para cerrar el cerco sobre las rutas energéticas usadas por el régimen venezolano.
El Marinera fue interceptado vacío, pero las autoridades estadounidenses sostienen que el barco había sido empleado para mover petróleo venezolano sujeto a sanciones. Funcionarios citados por Reuters afirmaron que la embarcación se negó a ser abordada el mes pasado y que después cambió a bandera rusa, antes de quedar en manos de la Guardia Costera con apoyo de fuerzas militares estadounidenses.
La captura ocurrió cuatro días después del operativo militar en Caracas en el que fuerzas especiales estadounidenses capturaron al dictador venezolano Nicolás Maduro. En paralelo, Reuters señaló que la maniobra contó con respaldo británico y que el secretario de Defensa del Reino Unido, John Healey, la justificó como parte de los esfuerzos globales para reprimir la evasión de sanciones.
La presión no se quedó en un solo barco. Funcionarios citados por Reuters indicaron que la Guardia Costera también capturó el petrolero M Sophia, con bandera de Panamá, cerca de la costa noreste de Sudamérica. El buque iba completamente cargado con crudo venezolano según registros de PDVSA, y esa sería la cuarta incautación en semanas recientes.
Desde la Casa Blanca, Stephen Miller endureció el mensaje al advertir que el único transporte marítimo de energía permitido será el que se ajuste a la ley estadounidense y a la seguridad nacional. Pete Hegseth fue igual de frontal al afirmar que el bloqueo del petróleo venezolano sancionado e ilícito sigue en pleno vigor en cualquier parte del mundo.
Moscú respondió con un alegato de derecho marítimo y reclamó un trato humano para la tripulación rusa. El Ministerio de Transporte de Rusia calificó la acción como contraria a la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar y exigió además el pronto retorno de los marinos. El senador ruso Andrei Klishas llegó a describir lo ocurrido como piratería descarada.
La maniobra elevó el riesgo de fricción con Rusia, después de que medios internacionales informaran sobre la presencia de un submarino ruso y otras naves en las cercanías, tras una persecución de dos semanas. Reuters precisó que no hubo indicios de confrontación entre fuerzas estadounidenses y rusas durante el abordaje.
En el fondo, Washington está apretando donde más le duele al castrismo regional: el petróleo, el dinero y el control de las exportaciones que sostienen a la dictadura venezolana. La estrategia incluye además presionar un acuerdo para desviar suministros destinados a China, principal comprador del crudo venezolano, mientras la portavoz de Exteriores china, Mao Ning, acusó a Estados Unidos de usar la fuerza y practicar acoso contra Venezuela.

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