El Pitirre castiga a un preso del 11J por reclamar alimentos y medicinas

Funcionarios de la prisión El Pitirre bloquearon parte de los suministros destinados a Nilo Abrahantes Santiago, preso del 11J recluido en esa unidad de máximo rigor del municipio habanero San Miguel del Padrón. La denuncia salió de su propia voz por teléfono y vuelve a dejar expuesto el trato arbitrario que impone el régimen dentro de las cárceles.

En la visita del lunes 12 de enero, los militares revisaron los víveres y le quitaron el gofio de harina de trigo y varias tabletas de omeprazol. Abrahantes Santiago reclamó porque esos artículos siempre había podido recibirlos, pero la respuesta fue violencia y castigo. El jefe del salón de visitas, primer teniente Diógenes, lo empujó, suspendió la visita y ordenó que otros soldados lo esposaran y lo encerraran en una celda de castigo hasta el día siguiente.

La medida golpea de lleno su salud. Abrahantes Santiago padece úlcera y gastritis, y el omeprazol que le confiscaron no existe en la prisión. En un penal donde la falta de medicamentos y la atención médica deficiente forman parte del maltrato diario, quitarle ese tratamiento agrava una situación ya vulnerable y convierte la salud del preso en un punto más de presión.

El gofio también era un apoyo necesario frente a la comida miserable que reciben los reclusos en El Pitirre, también conocida como 15-80. El propio Abrahantes Santiago había denunciado en enero de 2025 una reducción de la ración de arroz de 90 a 45 gramos, junto con un menú reducido a caldo de chopos y algunos pedacitos de vianda hervida.

Esa precariedad alimentaria ha dejado a los internos desnutridos y enfermos con frecuencia, según sus denuncias anteriores. El preso político también alertó en octubre de 2025 sobre un brote de fiebre y en diciembre del mismo año sobre una epidemia de tuberculosis que provocó el aislamiento de tres destacamentos. En ambos casos señaló la misma constante: falta de atención médica y ausencia de medicamentos en el penal.

Nilo Abrahantes Santiago tiene 45 años, es repostero por cuenta propia y natural de Bejucal, en Mayabeque. Fue apresado durante las protestas del 11 de julio de 2021 y condenado a cinco años de privación de libertad por el supuesto delito de sabotaje. Su caso retrata el método represivo del régimen: castigar la protesta, asfixiar al recluso y mantener la cárcel como espacio de abuso permanente.

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