El euro alcanzó este lunes 579 pesos cubanos en el mercado informal y dejó atrás su propia marca histórica, en una jornada en la que el dólar siguió clavado en 513 CUP y la MLC se ubicó en 400. La nueva subida confirma que la calle sigue poniendo el precio real de una moneda nacional cada vez más castigada por la crisis.
El movimiento de la divisa europea vuelve a exhibir el desorden económico que vive Cuba bajo el control del régimen. Mientras el discurso oficial intenta sostener una falsa normalidad, el mercado paralelo marca otra realidad: el peso cubano pierde terreno, el salario estatal vale menos y cada alza en las divisas extranjeras golpea con más fuerza a las familias que dependen de sus ingresos en moneda nacional.
La jornada llega, además, después de varios días de tensión política y económica. La comparecencia de Miguel Díaz-Canel y el anuncio de conversaciones entre La Habana y Washington coincidieron con un mercado más nervioso, donde muchos operadores prefieren esperar antes de mover dinero. En Cuba, cada señal de incertidumbre política se traduce rápido en presión sobre el dólar, el euro y la MLC.
El dólar había permanecido casi inmóvil durante más de diez días en 510 CUP antes de saltar al récord de 513. El euro, mientras tanto, siguió escalando hasta separarse con claridad de la moneda estadounidense y consolidarse como la divisa más cara en la economía paralela de la isla. Esa brecha no es un detalle técnico: refleja la desconfianza profunda en el peso y la dolarización forzada que el régimen ha dejado crecer sin una salida seria para la población.
La semana pasada ya había dejado señales de alarma. Entre el 7 y el 13 de marzo, la tasa del dólar se mantuvo prácticamente congelada en un máximo histórico, en medio de apagones prolongados, protestas en varias provincias y una sensación extendida de ahogo económico. El nuevo récord del euro confirma que ese malestar no cedió; solo cambió de forma en los mercados.
Para el cubano común, el mensaje es directo: cada récord en el mercado informal encarece la comida, el transporte, los medicamentos y cualquier gasto básico que dependa de divisas. El régimen sigue sin ofrecer una respuesta que proteja el poder adquisitivo ni que ordene una economía hundida en inflación, escasez y salarios estatales pulverizados.

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