FMP denuncia privilegios oficiales en plena escasez

Food Monitor Program volvió a poner sobre la mesa una imagen que el régimen intenta disimular: mientras la mayoría de los cubanos pelea por conseguir comida, las visitas oficiales siguen acompañadas por refrigerios, almuerzos y atenciones reservadas para la cúpula. La organización describió ese contraste como una “doble Cuba” que se repite dentro de instituciones y centros de trabajo cuando aparece una comitiva del poder.

La denuncia apunta a una práctica normalizada por el aparato estatal. Cuando llegan cuadros políticos o dirigentes, las entidades activan protocolos para mostrar orden y abundancia de fachada. El resultado es siempre el mismo: una mesa preparada para el funcionario y un pueblo que hace colas, paga precios imposibles y vive con la presión diaria de no poder cubrir la canasta básica.

FMP acompañó su señalamiento con una infografía que resume la brecha con crudeza. Del lado de la población, la organización afirmó que hacen falta alrededor de 10 salarios mínimos para costear una sola canasta básica mensual. En un país donde el salario se evaporó hace rato frente a los precios, ese dato retrata el derrumbe real del poder adquisitivo bajo el castrismo.

La propia organización también señaló un presupuesto de alimentación pública de 56,135.4 millones de pesos anuales, que considera insuficiente para responder a las necesidades mínimas de consumo. La cifra confirma lo que cualquier cubano ve en la calle: el Estado administra la carencia, pero conserva intacto el trato preferencial para quienes sostienen el control político.

El golpe no recae solo sobre las familias. FMP advirtió que en la última década numerosas instituciones estatales eliminaron el servicio de almuerzo para sus trabajadores y trasladaron esa carga al empleado. En la práctica, eso significa más gasto, más improvisación y más presión sobre salarios que ya no alcanzan ni para sostener una jornada de trabajo con dignidad.

En contraste, la atención a los dirigentes sigue blindada. Durante las visitas oficiales, los trabajadores deben preparar refrigerios o comidas especiales para las comitivas. Ese protocolo revela con claridad quién carga el peso de la crisis y quién sigue protegido por el poder: el cubano de a pie resuelve como puede; la burocracia recibe trato de privilegio.

La organización también vinculó ese panorama con la dolarización parcial de la economía y con las ineficiencias del aparato estatal, factores que han golpeado la producción de alimentos y aumentado la incertidumbre social. La escasez ya no funciona solo como reflejo del fracaso económico; también se ha convertido en una herramienta de control que el régimen tolera para abajo mientras preserva ventajas arriba.

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