Gerardo Hernández Nordelo salió a respaldar públicamente a Jorge Perugorría después de que el actor culpó a la política de Donald Trump de agravar la crisis que vive Cuba. El gesto del coordinador nacional de los CDR llega en medio de una isla golpeada por la escasez, los apagones y la parálisis económica, mientras el discurso oficial sigue buscando fuera la explicación de un desastre que el régimen ha administrado durante décadas.
Hernández elogió al artista en Facebook y defendió su derecho a hablar sobre el país, aun cuando Perugorría ha cuestionado en otras ocasiones asuntos internos de la Isla. En su mensaje, el dirigente intentó presentarlo como una figura coherente y lo deslindó de quienes, según él, lo atacan ahora por decir lo que piensa. El intercambio deja al descubierto una vieja maniobra del castrismo: tolerar ciertas críticas mientras sirvan para apuntar al enemigo externo y no para exigirle cuentas al poder que gobierna dentro de Cuba.
La publicación de Hernández también repitió la línea de siempre contra el embargo y contra Estados Unidos, al que responsabilizó de estrangular a la población y de impedir que el sistema de salud disponga de energía, medicamentos y equipos. Ese argumento forma parte del libreto oficial, pero no borra la realidad cotidiana que el propio texto reconoce: hospitales con carencias, crisis sanitaria, apagones prolongados y un país sin combustible suficiente para mover ni la economía ni la cultura.
Perugorría había hablado días antes en el Festival de Cine de Málaga, donde presentó Neurótica anónima junto a Mirtha Ibarra. Allí describió la situación cubana como una crisis humanitaria y dijo que la presión de Washington empuja al país al peor momento de su historia. También contó que tuvo que frenar el rodaje de una película por la falta de combustible y admitió que en el último año apenas se hicieron unas pocas producciones audiovisuales en la Isla.
La propia Mirtha Ibarra completó el cuadro con una descripción seca de la vida diaria en Cuba: sin agua, sin luz y con apagones de hasta 48 horas. Esa frase basta para entender el alcance del derrumbe. Mientras el régimen insiste en culpar al bloqueo de todo, los cubanos siguen atrapados entre el desabastecimiento, la precariedad de los servicios y una vida pública cada vez más vacía, incluida la cultura, que sobrevive a trompicones por la falta de recursos.
El respaldo de Hernández no cambia ese panorama. Solo confirma que la cúpula sigue usando a figuras conocidas para darle barniz político a su relato sobre la crisis, mientras evita asumir la responsabilidad que le toca por la ruina económica y social del país. Perugorría, con su peso en la cultura cubana, termina así metido en una pelea útil para el régimen: reforzar el enemigo externo y dejar intacto el fracaso interno.

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